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14.5.10

Artículo en Muy Historia




Como sabéis, en el blog suelo alternar el comentario distraído sobre comportamientos humanos (y no tan humanos), tendencias editoriales, novedades y libros que me interesan, o anécdotas de la historia y de la Edad Media que me parecen llamativas. Estos últimos tiempos, debido a que me dedico más a fondo a escribir y difundir lo que escribo, creo que estoy cruzando la frontera de la información y adentrándome, para mi gusto más bien discreto, en la promoción. Sólo me cabe pedir disculpas por anticipado y escudarme, que no excusarme, aduciendo que este espacio está diseñado para contener noticias de mis libros, y por extensión de mis actividades creativas.

El largo preámbulo denuncia que preferiría tener más tiempo para una entrada sobre  el descubrimiento de pecios medievales en el Báltico, o el lunes que viene, hablaros de la historia que contienen las piedras de Roma dónde estaré este próximo fin de semana, si las  cenizas volcánicas son indulgentes. O bien detallar lo mucho que me está gustando la lectura de Nosotros, los cátaros, de Michel Roquebert, cuyo texto me está ayudando a preparar mi próxima novela. O el gozo que me produce contemplar el volumen Épocas medievales, del historiador Eduardo Manzano, cuyas obras anteriores tanto me sirvieron para dotar a La tierra de Dios de un marco histórico documentado.

Pero me temo que sólo tengo tiempo de contaros que estoy encantada porque este mes de mayo se publica el artículo "Mujeres de armas tomar" que escribí para la revista Muy Historia. Así que os recomiendo que lo busquéis, pues el número entero gira alrededor de la mujer y el poder en la historia hasta la actualidad, y contiene otros artículos igual (¡o más!) interesantes. En todo caso, quería contaros de este artículo porque es el primero que se publica de los que he estado entregando durante estos meses de trabajo tan diverso y, afortunadamente, divertido.


5.3.10

Las mujeres samurai



Entre papeles y libros, documentándome para un artículo con fecha de entrega (el trío de palabras más importante para un autor, después de disciplina y suerte), contemplo un grabado con la imagen de Tomoe Gozen, la mujer samurai (onna bugeisha) más destacada del período Heian en el Japón medieval. La descripción de Tomoe en el Heike Monogatari reza así: 

"Tomoe era especialmente hermosa, de piel blanca, pelo largo y bellas facciones. También era una excelente arquera, y como espadachina era una guerrera que valía por mil, dispuesta a confrontar un demonio o un dios, a caballo o en pie. Domaba caballos salvajes con gran habilidad; cabalgaba por peligrosas pendientes sin rasguño alguno. Cuando quiera que una batalla era inminente, Yoshinaka la enviaba como su primer capitán, equipada con una pesada armadura, una enorme espada y un poderoso arco; y ella era más valerosa que cualquiera de sus otros guerreros."

¿Por qué será que la mujer guerrera siempre es más valiente, más ardida y más feroz que los demás soldados? Pienso que será tal vez por la idea subyacente (llámese así o prejuicio) de que para empuñar un arma, hace falta que la mujer sea doblemente valiente, ardida y feroz pues se le supone que aparte de doblegar al enemigo, está venciendo a su naturaleza femenina. Hasta ahora mis personajes protagonistas han sido mujeres, aunque rodeadas de hombres, como no podía ser de otro modo en  la Edad Media. Y si las he dotado de valentía, es porque me parece que hay que serlo, y mucho. El mundo es peligro: tiembla el mar y se abren las entrañas del mundo; el eje de la Tierra cambia. Y sin embargo, los seres humanos sobreviven. Por Tomoe y por todos los valientes. Feliz viernes.