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5.12.09

El editor al desnudo



Disfruto de un interesante y bien documentado artículo en el ABC digital describiendo la relativa caída de ventas de libros que se ha producido durante el año 2009, y que las editoriales han soslayado gracias a las grandes cifras de unos pocos títulos (Larsson y Brown en el caso de Planeta, o Murakami y Mankell en el de Tusquets). También se habla de la menor venta media de títulos que en otras circunstancias se hubieran convertido en modestos éxitos o de fondo asegurado en la librería. Sin dejar de ser preocupante, la combinación de títulos exitosos y fondo de venta "sorda" que se detalla en la noticia ha sido característica del sector, tal y como explica André Schiffrin en el siempre recomendable y cada vez más escalofriantemente certero libro La edición sin editores.

El elemento diferenciador es (también como siempre) la magnitud -algunos lectores del buen cuentista Quim Monzó podrían añadir de la tragedia, pero el melodrama sólo funciona con Garbo, Greta, hermosa sueca A.L. (antes de Larsson)-. Se venden más ejemplares de los pocos títulos y menos de los muchos. ¿Debería preocuparnos eso si la media de venta se mantuviera, por ejemplo, en ese próximo 2010, una vez superado el pánico de los primeros meses del 2009? A los editores que buscan construir un catálogo a largo plazo, no: la eterna espada de Damocles ha sido y es encontrar el libro rentable de la temporada, sabedores que en la búsqueda se publicarán otros de más discreta venta (muchos o pocos, de ese sabio equilibrio depende la viabilidad económica del editor). Será más duro el contexto y más recios los que sobrevivan, nada más y nada menos. Vamos, la hora de la verdad, en dónde las vacuidades (de cualquier tipo: editoriales y económicas) se pagarán caras. En ese sentido, y añadiendo el factor X del e-book -desconociéndose aún el modelo de negocio que surgirá de la pócima, hija de aprendices de brujo en la que todos hemos echado nuestros ingredientes- se abre un año 2010 apasionante para el sector editorial. Como diría otra gran diva del cine clásico: "Fasten your seatbelts, it's going to be a bumpy ride!". ¿Y cómo decirle que no a Margo Channing? Yo ya tengo reservado el asiento en primera fila :)


PS: Para los que preguntan dónde está el "editor desnudo", aclaro que no soy yo, ni me consta de tales imágenes de otros colegas de profesión. Es una referencia al título en castellano (Eva al desnudo) de "All about Eve", dónde aparecen además de Margo Channing (Bette Davis), una tiernísima Marilyn, "licenciada de la escuela de arte de Copacabana" y el mortífero Addison DeWitt (George Sanders).

23.4.09

Sant Jordi



Recién llegada de Londres, y de pasear por sus golosas cadenas de librerías Waterstone's, Blackwell y Borders, sin olvidar la gran Foyles que jamás abandona mi columna derecha, con sus cuatro pisos de puro éxtasis -y comprobar con cierta tristeza que algunas librerías de viejo van cerrando sus puertas- es casi una sobredosis de letras pisar Barcelona en pleno Sant Jordi, del cual he seleccionado una ilustración (cómo no) medieval para encabezar esta entrada.

Y eso después de la feria, dónde la gran noticia no era la crisis sino el fin de la sequía: Dan Brown publica novedad el 15 de septiembre, se titula "The Lost Symbol" (a la espera de que Planeta anuncie el título definitivo y la fecha de publicación en castellano) y aunque nadie sabe de qué va, sus editores respiran tranquilos: se han acabado las penurias. En mi opinión, es buena noticia. Jamás he creído que Dan Brown le robe lectores, pongamos por caso, al filósofo Giorgio Agamben, y en cambio sí logra incrementar el flujo de ingresos de la industria, permitiendo así que se puedan financiar proyectos menos rentables. El problema de esta ecuación, como Adam Smith sabría señalar, es la imperfección humana. Cuando, como el entrañable Manolito de Quino, todos quieren más. Dándole la vuelta al dicho, la virtud no sólo está en el medio porque es equidistante, sino porque además es justo: consiste en repartir las ganancias de los best-séllers entre los primos hermanos menos afortunados (la poesía, la literatura, las humanidades) y que cuentan con menos lectores pero que son igualmente necesarios para la difusión de las ideas y de la cultura.

En ese sentido, el mercado editorial anglosajón practica esa regla a pies juntillas, y al lado de las máquinas de ganar dinero conviven larguísimas estanterías repletas (¡se me saltan las lágrimas!) de títulos sobre historia medieval, filosofía o arte -por no mencionar las filas y filas de literatura por autor- que para sí querrían las mejores librerías de este país nuestro. Como siempre pienso en los libros como hijos adoptivos en busca de hogar, deseo que hoy encontréis al vuestro entre las paradas de Barcelona, o bien disfrutando de la Noche de los Libros de Madrid.