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24.8.09

Homo ludens



Dice Johan Huizinga en su importante libro Homo ludens (1938) que el juego es libertad, que el ser humano utiliza la inventiva, la creatividad y la folie (como se conocía en la Edad Media a la actitud lúdica por oposición al sens, el buen sentido) como espacio de expresión de la cultura de un pueblo. La mencionada cultura de ese pueblo comprende leyes, saber, guerras y poesía, es decir, todas las formas de relación entre los individuos de una misma sociedad y entre éstos y los demás. En el juego, paradójicamente para los que consideran que la responsabilidad está reñida con la folie, hay también orden, pues para saber jugar hay que respetar unas reglas claras y precisas.

Es sugerente la tesis de Huizinga de que la caballería, la guerra o la cultura pertenecen también a la esfera del juego, por ser distintas manifestaciones de la voluntad de ser el primero: el más devoto guerrero medieval, el primer y cortés combatiente, el mejor artesano y orfebre, el más sagrado poeta. Cuando leo a Huizinga afirmando que "para comprender la poesía hay que ser capaz de (...) investirse el alma de niño como una camisa mágica (...) Nada hay que esté tan cerca del puro concepto de juego como esa esencia primitiva de la poesía", respiro más tranquila. Feliz regreso al trabajo a todos los que, como yo, quieran seguir jugando.

12.8.09

Leonor de Aquitania


En la efigie que yace en la abadía de Fontevraud, dónde está enterrada, no se distinguen los rasgos de belleza legendaria que hicieron famosa a Leonor de Aquitania en todo el Occidente medieval. El rostro es ovalado y de facciones regulares, sí, pero descansan con una placidez que se me antoja engañosa. El "águila bicéfala", como la habían llegado a llamar sus enemigos por haber llevado dos coronas, la de Francia y después la de Inglaterra, debía ser una hermosa mujer, pero de aquéllas cuyo encanto emana del movimiento y de la energía. Legendaria fue la vitalidad imparable de una reina que cruzó el canal de la Mancha cuantas veces fue necesario para sostener un reino, y a veces, para oponerse a su propio marido, el rey de Inglaterra Enrique II de Plantagenet.

Pienso en Leonor porque acabo de leer una biografía de la duquesa de Aquitania, escrita por Régine Pernoud en 1966 y traducida por Espasa Calpe en su día, y que ahora vuelve a publicarse. Después, releeré la biografía del también medievalista Jean Flori y sus cartas. Pienso en ella porque Leonor aún no ha aparecido en mis novelas más que como un fantasma, o una referencia al vuelo: como la esposa de dos reyes y la madre de una reina de Castilla (su hija Leonor casó con Alfonso VIII). Pienso en una mujer que vivió y luchó durante ochenta años, poseyó dos coronas, vivió rodeada de poesía y de música, y ahora duerme en una tumba de piedra, sosteniendo para siempre un libro entre sus manos.

19.5.09

Mario Bendito

LIBROS

Quiero quedarme en medio de los libros
vibrar con Roque Dalton con
Vallejo y Quiroga
ser una de sus páginas
la más inolvidable
y desde allí juzgar al pobre mundo
no pretendo que nadie me encuaderne
quiero pensar en rústica
con las pupilas verdes de la memoria franca
en el breviario de la noche en vilo
mi abecedario de los sentimientos
sabe posarse en mis queridos nombres
me siento cómodo entre tantas hojas
con adverbios que son revelaciones
sílabas que me piden un socorro
adjetivos que parecen juguetes
quiero quedarme en medio de los libros
en ellos he aprendido a dar mis pasos
a convivir con mañas y soplidos vitales
a comprender lo que crearon otros
y a ser por fin este poco que soy

6.4.09

Locus Amoenus



A las puertas de las vacaciones de Semana Santa, y con la deshonesta intención de amarrarme al escritorio para cumplir con mis compromisos literarios, ya podéis imaginar que si le robo unos minutos a la pantalla blanca de mi MacBook (y aprovecho para mandar buenísimos deseos de salud a Steve Jobs), es porque esta bellísima antología merece un comentario aparte.

Para todos los enamorados de la poesía medieval, este volumen magníficamente editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, es un imprescindible regalo. Buscad cualquier excusa: que falta ya poco para Sant Jordi, que este año será vuestro aniversario, o el santo de un amigo, que hoy es lunes o que mañana quizá será martes. No importa, pero no dejéis de darle una oportunidad a estos versos escogidos de lírica medieval. En un recorrido por las ocho lenguas que convivieron en la Hispania medieval (latín, árabe, hebreo, mozárabe, provenzal, galaico-portugués, castellano y catalán), la selección de fragmentos de nuestro pasado poético, a veces común y a veces distinto, es la mejor manera de entender la cultura que tenemos hoy y también de apreciar la que pudimos tener.

Aparecen viejos amigos como Guillem de Berguedà o el rey Alfonso II de Aragón, Gonzalo de Berceo y Jorge Manrique, o Ramon Llull; pero también delicias menos conocidas como la poetisa Hafsa Bint al-Hayy ar-Rakuniyya o Yehuda Ha-Levi, entre muchos otros. Os dejo con unos apasionados versos de Ibn Sahl:

Ten compasión de mí, que el alma tengo rota,
y mírame, pues ya he entregado el espíritu.


31.3.09

Interludio

No es día para textos largos. Hoy, poesía. Buscadla en Palabra sobre palabra, de Ángel González.

Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
"Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas."
Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.