Mostrando entradas con la etiqueta Sant Jordi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sant Jordi. Mostrar todas las entradas

12.4.10

La dama y el león, en Círculo de Lectores


Una feliz noticia para esta semana de calentamiento de Sant Jordi y mil y una cosas más: antes de las vacaciones de Semana Santa, recibí la noticia de que Círculo de Lectores, el club del grupo editorial Random House Mondadori, publicará La dama y el león en una de sus próximas colecciones de novela histórica. Así que, cuatro años después de su publicación, mi primera novela tendrá una segunda vida con los socios de Círculo de Lectores.

Además de la obvia alegría que siempre produce encontrar nuevos lectores, para mí es especialmente significativa esta noticia porque mi primer puesto de trabajo en el sector editorial, al margen de las lecturas y traducciones que hacía, fue precisamente en Círculo. Aprendí mucho, pasé buenos momentos y otros no tanto, pero sobre todo recuerdo con mucho cariño al grupo humano que allí conocí. Por eso, la llamada que recibí hace unos días, anunciándome esa publicación, fue una excelente manera de empezar mis vacaciones.

La otra buenísima noticia es que no será la única edición de un libro mío este año. Os mantendré informados :)

23.4.09

Sant Jordi



Recién llegada de Londres, y de pasear por sus golosas cadenas de librerías Waterstone's, Blackwell y Borders, sin olvidar la gran Foyles que jamás abandona mi columna derecha, con sus cuatro pisos de puro éxtasis -y comprobar con cierta tristeza que algunas librerías de viejo van cerrando sus puertas- es casi una sobredosis de letras pisar Barcelona en pleno Sant Jordi, del cual he seleccionado una ilustración (cómo no) medieval para encabezar esta entrada.

Y eso después de la feria, dónde la gran noticia no era la crisis sino el fin de la sequía: Dan Brown publica novedad el 15 de septiembre, se titula "The Lost Symbol" (a la espera de que Planeta anuncie el título definitivo y la fecha de publicación en castellano) y aunque nadie sabe de qué va, sus editores respiran tranquilos: se han acabado las penurias. En mi opinión, es buena noticia. Jamás he creído que Dan Brown le robe lectores, pongamos por caso, al filósofo Giorgio Agamben, y en cambio sí logra incrementar el flujo de ingresos de la industria, permitiendo así que se puedan financiar proyectos menos rentables. El problema de esta ecuación, como Adam Smith sabría señalar, es la imperfección humana. Cuando, como el entrañable Manolito de Quino, todos quieren más. Dándole la vuelta al dicho, la virtud no sólo está en el medio porque es equidistante, sino porque además es justo: consiste en repartir las ganancias de los best-séllers entre los primos hermanos menos afortunados (la poesía, la literatura, las humanidades) y que cuentan con menos lectores pero que son igualmente necesarios para la difusión de las ideas y de la cultura.

En ese sentido, el mercado editorial anglosajón practica esa regla a pies juntillas, y al lado de las máquinas de ganar dinero conviven larguísimas estanterías repletas (¡se me saltan las lágrimas!) de títulos sobre historia medieval, filosofía o arte -por no mencionar las filas y filas de literatura por autor- que para sí querrían las mejores librerías de este país nuestro. Como siempre pienso en los libros como hijos adoptivos en busca de hogar, deseo que hoy encontréis al vuestro entre las paradas de Barcelona, o bien disfrutando de la Noche de los Libros de Madrid.


24.3.09

Vuelta a empezar

En abril de 2007 deseaba un feliz "ramblejar" a los visitantes de este blog, y me parece increíble encontrarme de nuevo a las puertas de un nuevo Sant Jordi, el de 2009. Las cosas han cambiado, hay personas que han llegado y otras que se han ido de nuestras vidas, pero este vaivén no ha sido para quedarnos igual, a la Lampedusa. La familiar compañía de la crisis que, siendo una palabra tan corta, se traduce en un largo desfile de cotidianos ahorros, es la gran diferencia entre la bonanza de hace dos años y la frugalidad de hoy.
Y sin embargo, qué alivio. Alivio es olvidarse de grandes y fastuosos regalos de aniversario, Navidad o festividades forzadas, y volver al detalle simple y cariñoso de acordarse del otro y de su día. Alivio es no tener que contestar interrogatorios si decidimos pasar las vacaciones en casa, ¿dónde mejor que en casa?, en lugar de arrastrarnos por paraísos prefabricados o vivir veranos de otras ciudades. Alivio es para mí vivir y trabajar entre libros, esa pseudo-mercancía que parece resistir los embates del mercado mejor que otras, y que por mucho que traicione a unos con otros, siempre me lo perdonan y devuelven infidelidades con abrazos.

Así que bienvenidos de nuevo a este espacio; ya lleguéis con ordenadores más económicos, ediciones de bolsillo y mesas de Ikea, o bien con Apple, libros de tapa dura y mobiliario de teca. La ventaja es que la lectura jamás hizo distingos entre ricos y pobres, porque las letras sí son socialistas de pro: se leen igual para todos.

22.4.07

Feliz "ramblejar"

Se conoce como "ramblejar" un placentero paseo Ramblas abajo, siendo las Ramblas uno de los ejes más importantes de la ciudad de Barcelona. En el día de Sant Jordi, el paseante no solamente verá flores, estatuas humanas o quioscos de pájaros (aunque el destino de éstos pende de un hilo, a tenor de la voluntad regulatoria del Ayuntamiento), sino también paradas y más paradas de libros.


Reconozco que hace años que no "ramblejo" en Sant Jordi. Como un explorador aquejado de timidez, me limito a las anchas aceras del Paseo de Gracia hasta llegar a Plaza Catalunya, y aún éstas no logran a veces absorber el volumen de ciudadanos que salen a la calle en busca de libro y rosa. Menos espaciosas a pesar de su encanto añejo, las Ramblas se convierten en una columna humana que parece detenida en el tiempo, pues no da la sensación de avanzar ni un ápice. Eppuor si muove, pues la marea sigue su curso, hacia el mar y la sal. Los valientes compradores de libros respiran el aire que viene de las islas cuando llegan al pie de la estatua de Colón.


En parte la fiesta ha cambiado mucho para mí, desde que entré a trabajar en una editorial, hace ahora ya (¿tanto?) diez años, y no digamos desde que publiqué mi novela. Evidentemente no es lo mismo comer en un restaurante que formar parte de la cocina. Pero no estoy hablando de ninguna "inocencia perdida" o ataque de desilusión galopante. Eso me parecería de una ordinariez supina, y disculpadme la expresión. Quiero decir que todos hemos visto House, ¿no? Y algunos, antes de eso, hasta llegamos a leer esas crudas descripciones del mundillo médico que eran La casa de Dios y Monte Miseria, de Samuel Shem. En sus desternillantes y grotescas novelas retrataba a los gobernantes de manicomios y hospitales como seres aptos para el ingreso urgente en la institución que ellos mismos regentaban. En resumen, que en todas partes cuecen habas.

Así que no, lo cierto es que no esperaba que el negocio que rodea a la literatura fuera distinto de otros. He tenido suerte, también es verdad: los profesionales que me han atendido (editores, agentes literarias, diseñadores, agentes comerciales, libreros) en mi faceta de autora han sido eficientes, encantadores e impecables. No, no. En serio. De verdad.


De modo que volviendo a esas personas que mañana saldrán a la calle (y que ya llenaban las librerías desde el viernes por la tarde) en busca de un regalo libresco, mi duda radica en si apreciarán la labor que hay detrás de todo editor y autor cuando presenta un volumen al público. Me lo pregunto, en primer lugar, porque hay mucho gato por liebre y no poca desvergüenza, así que no es de extrañar que al personal la mosca ya no sólo se le haya subido a la oreja, sino que la tenga mordisqueándole el metacarpo. Y me lo pregunto también porque entre tantas y tantas publicaciones nuevas, hasta una veterana (a mis tiernos diga treinta y tres) se siente abrumada por la grandísima oferta. Lo explica muy bien el periodista Barry Schwartz en The Paradox of Choice. De tanto dónde escoger, termina uno por no saber qué elegir.


Así que mi prudente recomendación para mañana lunes, día de Sant Jordi, es la siguiente: salid a la calle sabiendo que hay muchos y buenos editores, y otros tantos autores. que han trabajado duro para ofreceros su libro (amén de los sufridos libreros, que como todo intermediario reciben por todos lados). Desconfiad del libro fácil y también del difícil: lo importante es que al sostenerlo en vuestras manos, se produzca esa magia entre la intuición del lector, la contratapa del libro y la cartera del que compra, que desemboca en la adquisición del libro.

Nada más (y nada menos) que un pequeño milagro.

En vísperas de Sant Jordi


Vuelven las rosas a la ciudad, invaden de nuevo las aceras los libros.

Es Sant Jordi, esta vez del 2007. Hace un año, recuerdo que pasé uno de los días más felices de mi vida, rodeada de amigos y de lectores, firmando ejemplares de mi novela recién publicada, La dama y el león, y disfrutando de la fiesta sin más preocupaciones que llegar a tiempo a la siguiente librería. En la víspera de este 23 de abril, sigo atareada pero esta vez en mi siguiente obra. No es tiempo de firmas, sino de redacción y escritura, de reescritura y revisión. Más arduo, más desagradecido, aunque creo que no cambiaría casi nada de lo sucedido entre el pasado dia de Sant Jordi y el que se avecina.

Es increíble que en un año se acumulen tantísimas caras y caracteres nuevos y viejos, charlas insospechadas y conversaciones inauditas, momentos tensos e instantes de alegría infinitas, llanto de novela rusa y risas ligeras. Recordaré 2006 como un año increíble, pero confieso que el presente no se queda corto. Espero estar compartiendo pronto el fruto de todo este año de trabajo. De momento, me parece un pequeño gran tesoro, una de esas victorias cotidianas, el haber vuelto a este redil público y a la vez, tan secreto. Como dice un personaje al que le tengo afecto, es hermoso.

Mientras tanto, os deseo un feliz día de Sant Jordi, un agradable y soleado paseo por las calles enlibradas de nuestra ciudad, y envidio la suerte del volumen que escogeréis para llevaros a casa.

Mi recomendación de este 23 de abril: La biblioteca de los libros perdidos, de Stuart Kelly. Para los aficionados a la historia de los no-libros, los seguidores de Vila-Matas y los adictos a los deliciosos compendios de anécdotas y literatura que hilvana Alberto Manguel.