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10.12.10

Desde Rusia con amor




Soy una impenitente visionadora de películas, así que no pude evitar recordar uno de los Bond films más inintencionadamente divertidos de todos los tiempos cuando recibí, despistada yo, un paquete que contenía cinco ejemplares con la cubierta de esta guisa. Lo primero que pensé, dado que por trabajo recibo muchos envíos de editoriales extranjeras con varios ejemplares del mismo libro fue: "Caramba, estos editores no se andan con chiquitas, y cuando mandan novedades, las mandan de verdad". Pero cinco eran demasiados, incluso para un editor recién agraciado por la ONCE, y miré la portada durante unos segundos, tratando de recordar en qué cita de trabajo pedí yo un libro así. Un laberinto. Personajes medievales. Un título corto, que el año de lengua rusa que estudié hace milenios me permitió descifrar como "Dama y...." Pues sí. Era la edición rusa de mi libro La dama y el león. Hermosa y rozagante, en las estepas cabalgan Aalis de Sainte-Noire y los demás personajes de mi primer libro. La extraña ilusión de mis palabras vertidas en un idioma que no puedo entender. Bienvenidas sean las alegrías, así sean todas las sorpresas.

14.10.10

Books, books, books



Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes: cosas que me hubiera gustado contaros aquí pero de las que hablé en mi Facebook. En la revista Historia y Vida del mes de septiembre se publicó un reportaje titulado "Las mujeres de Roma", firmado por esta servidora. Me hizo una ilusión especial pasar a formar parte de las páginas de esta excelente revista, igual que sucedió con Muy Historia el mes de abril. Fue genial.

Luego, durante la primera quincena de octubre estuve preparando la visita anual a la feria de Frankfurt, de las entrañables vanidades y los queridos oropeles, aunque también de las amistades de ley, viejas y nuevas. Descubrí que no hay veteranía que valga ante el lujo y la sensación casi embriagadora (exhilarating, dicen los ingleses) de ser tu propio dueño. Pasear por los pasillos de la feria, en buena compañía,  hablar de libros y no de ventas, de escritores y no de fichajes, fue relajado y no parecía trabajo (aunque lo era). Terminamos cansados (eso sí fue como siempre) y vimos muchísimos libros interesantes. Conocimos a editores de aquí y de fuera que están impulsando sellos magníficos, unos más establecidos y otros más nuevos. Un balance redondo para un Frankfurt increíble.

El inconveniente, claro está, es que la tarea literaria queda aparcada detrás de la montaña de trabajo del día a día. Pero no me quejo, porque es difícil estar mejor. En el frente laboral, septiembre ha sido un mes fantástico y octubre promete. Y en cuanto cruce la frontera de noviembre, me alejaré un poco del día a día virtual para sumergirme en los personajes de mi tercera novela, que están pidiendo a gritos una revisión pausada, en una mesa de roble y con té humeante al lado, en lugar del repaso que les doy, a salto de mata en aeropuertos, habitaciones de hotel y en sobremesas robadas al sueño. No sé por qué se dejan. Será que saben cuánto les quiero.





13.9.10

Entrevista y reseña en Anika entre Libros



Septiembre empieza con tantas cosas que una sola entrada no basta para contarlas; de momento, os dejo el enlace de la magnífica entrevista de la página Anika entre Libros a cargo de Ariodante, así como la reseña de La dama y el león. Me han hecho ya suficientes entrevistas como para distinguir cuáles se enmarcan en la noticia (que se agradece) y cuáles intentan profundizar en mis novelas (que se agradece aún más). Fue un placer contestar las que podéis leer en este enlace, porque me hicieron reflexionar sobre qué escribo, cómo y para qué. ¡Que las disfrutéis!

26.4.10

Portada edición Círculo de Lectores



Sin palabras. 

Bueno, sí: hermosa, fulgurante, bermellón medieval. La cubierta de la edición de Círculo de Lectores de mi primera novela. ¿Es o no es una maravilla? Y que conste que ya estaba enamorada del diseño en tonos azules que se hizo para la edición de librerías. Una bellísima imagen para empezar la semana.

12.4.10

La dama y el león, en Círculo de Lectores


Una feliz noticia para esta semana de calentamiento de Sant Jordi y mil y una cosas más: antes de las vacaciones de Semana Santa, recibí la noticia de que Círculo de Lectores, el club del grupo editorial Random House Mondadori, publicará La dama y el león en una de sus próximas colecciones de novela histórica. Así que, cuatro años después de su publicación, mi primera novela tendrá una segunda vida con los socios de Círculo de Lectores.

Además de la obvia alegría que siempre produce encontrar nuevos lectores, para mí es especialmente significativa esta noticia porque mi primer puesto de trabajo en el sector editorial, al margen de las lecturas y traducciones que hacía, fue precisamente en Círculo. Aprendí mucho, pasé buenos momentos y otros no tanto, pero sobre todo recuerdo con mucho cariño al grupo humano que allí conocí. Por eso, la llamada que recibí hace unos días, anunciándome esa publicación, fue una excelente manera de empezar mis vacaciones.

La otra buenísima noticia es que no será la única edición de un libro mío este año. Os mantendré informados :)

3.1.10

De la equidistancia como una de las bellas artes


Pienso en Thomas De Quincey, ese gran fumador de opio, y por eso parafraseo su otro título más conocido, cuando leo la pequeña gran tormenta que se ha levantado estos últimos días de 2009 y primeros del flamante año 2010 acerca del libro digital, a resultas de algunos reportajes en los medios y subsiguientes comentarios en la red. Digo pequeña gran tormenta porque, afrontémoslo con toda la humildad y el buen humor que nos den los Dioses (eso sí, los del remake de "Furia de titanes", porque aunque no salga Harry Hamlin, espero esta nueva versión con fruición, por el duelo entre Liam Neeson/Zeus y Ralph Fiennes/Hades), digo que afrontemos ya que la batalla final del libro digital se librará en Anglosajonia, y no en España. Pretender adelantarnos es no conocer la diferencia entre la CIA y la TIA: esto es, que allí no se andan con chiquitas y aquí todos juegan a canicas. Por eso Markus Dohle, el presidente (glups) de Random House USA se quedó tan ancho el pasado 11 de diciembre comunicándole por carta a los agentes literarios norteamericanos que se considera propietario de los derechos digitales del fondo editorial de los sellos de su grupo. Y por nuestros lares, bueno, pues hacemos lo que podemos, y esperamos (todos, los de aquí y los de allí) a la conferencia de Apple el 26 de enero, a ver si Steve Jobs lo revoluciona (y soluciona) todo ya de una vez.

Digo equidistancia, y por eso me sale tan larga esta entrada, porque vivo dos realidades: la del que sabe lo que cuesta editar un libro y pagar a todos los colaboradores que aportan valor, belleza y solidez al contenido que empieza en bruto y termina en libro, como impresores, traductores, correctores, diseñadores, maquetadores y demás "pequeños detalles" del engranaje editorial, que tan fácilmente se obvian cuando se habla de que "el conocimiento es libre", pero que también comen lentejas como todos. Es cierto que las editoriales no suelen (siempre con honrosas excepciones) pagar bien esas tareas. Pero menos da una piedra, y con la que está cayendo, que es lo más parecido a una lluvia de criptonita, no quiero ni pensar cómo terminarán editándose los libros que vayan "directo a digital". Quién sabe, igual creamos un género como esas entrañables películas de serie Z dónde podemos reencontrarnos con Bruce Campbell y agradecerle a Sam Raimi que nos lo descubriera.

Y luego está la otra cara de la moneda: no puedo negarlo, soy la autora de "La dama y el león" y "La tierra de Dios", y quiero llegar a tantos lectores como sea posible, pero ganándome la vida, lejana aspiración desde los tiempos de Shakespeare, Dickens, Balzac, Scott y cualquier plumilla a destajo habido y por haber. Hay una sencilla división del margen editorial que establece que del 100% del precio de venta al público de un libro, autor y editor sólo perciben un 10% cada uno, un par de puntos más a lo sumo, o entre el 15 y el 20% si las ventas lo permiten (hablamos en ese caso de cifras del infinito, y más allá). Tal y como se están desarrollando las estrategias de negocio de todos los agentes del mercado, es decir, como la impagable escena del camarote de los hermanos Marx, nadie sabe cómo quedará ese reparto de márgenes editoriales, del cual también viven distribuidores y libreros, a quienes muchos entierran prematura y en mi opinión erróneamente. Lo que se echa de ver es que con un precio de 5 EUR, ni autor ni editor tiene cómo ganarse (legítimamente) la vida. Y algo me dice que antes recibirán (metafóricamente) los autores que los demás, y no precisamente regalías.

Pero bueno, ante todo mucha calma, y que el 2010 nos encuentre sin perder la sonrisa, que para eso siempre hay voluntarios. Para lo otro, ahí va un impagable cameo de Clive Owen en la serie Extras.

25.9.09

La tierra de Dios en Hislibris


Los visitantes más o menos habituales de este blog (pronto habrá un mensaje sobre ellos, porque estoy a punto de alcanzar una cifra digna de mención en mi total de visitas desde marzo de este año 2009, o eso me dice Google Analytics) saben que las menciones en prensa que he podido reunir acerca de mis dos novelas, La tierra de Dios y La dama y el león, están ordenadas en la columna de la derecha. A veces las he conseguido gracias a las indicaciones del eficiente equipo de prensa de Planeta, otras "pescando" yo misma por la red. Pero lo que quiero decir es que rara vez suelo colgar un mensaje sobre esas reseñas: creo que los "flashes informativos" de ese tipo pertenecen más a Facebook o Twitter, y reservo el espacio del blog para comentar los temas medievales que me resultan interesantes, o aspectos concretos de mi trabajo como escritora.

Sin embargo, tengo que hacer una excepción con la reseña que los colaboradores de Hislibris, y en particular con quién firma éste texto. Por el cariño que desprende el comentario, por el esfuerzo invertido en darle forma, y porque ha sido un hermoso regalo en las fiestas de la Mercè que se celebran estos días en Barcelona. Muchas gracias :)

12.8.09

Leonor de Aquitania


En la efigie que yace en la abadía de Fontevraud, dónde está enterrada, no se distinguen los rasgos de belleza legendaria que hicieron famosa a Leonor de Aquitania en todo el Occidente medieval. El rostro es ovalado y de facciones regulares, sí, pero descansan con una placidez que se me antoja engañosa. El "águila bicéfala", como la habían llegado a llamar sus enemigos por haber llevado dos coronas, la de Francia y después la de Inglaterra, debía ser una hermosa mujer, pero de aquéllas cuyo encanto emana del movimiento y de la energía. Legendaria fue la vitalidad imparable de una reina que cruzó el canal de la Mancha cuantas veces fue necesario para sostener un reino, y a veces, para oponerse a su propio marido, el rey de Inglaterra Enrique II de Plantagenet.

Pienso en Leonor porque acabo de leer una biografía de la duquesa de Aquitania, escrita por Régine Pernoud en 1966 y traducida por Espasa Calpe en su día, y que ahora vuelve a publicarse. Después, releeré la biografía del también medievalista Jean Flori y sus cartas. Pienso en ella porque Leonor aún no ha aparecido en mis novelas más que como un fantasma, o una referencia al vuelo: como la esposa de dos reyes y la madre de una reina de Castilla (su hija Leonor casó con Alfonso VIII). Pienso en una mujer que vivió y luchó durante ochenta años, poseyó dos coronas, vivió rodeada de poesía y de música, y ahora duerme en una tumba de piedra, sosteniendo para siempre un libro entre sus manos.

15.6.09

Mañana



Mañana tiene nombre dulce, de nerviosa energía y a la vez de pereza deliciosa. Me late la yugular cuando estoy muy triste o muy feliz, y en este caso es lo segundo. Mañana se pone a la venta La tierra de Dios. Es la novela que empecé a escribir poco después de haber salido La dama y el león en febrero de 2006, y a cuyo manuscrito le puse punto y final a mediados de mayo de este año 2009. Tres años han pasado, y lo que ha pasado en tres años. En alguna página de la novela, que es un aventura medieval con sangre, sudor, lágrimas y mucha acción, se habrá colado un día de octubre, un verano caluroso, un invierno crudo y algo de primavera desubicada, como todas las estaciones de paso. Deseo que disfrutéis mucho de la lectura de este libro, y os prometo que hoy no dejaré de pensar, siempre, en mañana.

26.5.09

La tierra de Dios



¿Recordáis la historia de una portada? Pues esta es la segunda parte, o mejor dicho, la portada de la nueva novela. Prometí que la colgaría en cuanto tuviese el archivo, y aquí está. Me gusta especialmente el aire de familia que tiene con La dama y el león (podéis comparar con la cubierta de la columna derecha) pero al mismo tiempo, es original y promete una historia distinta y vibrante, como la ciudad medieval que sale en la imagen. El fondo blanco es limpio y potente, y facilita el impacto del título, en un color vino muy apropiado para una novela histórica. Las opiniones sobre las cubiertas siempre son subjetivas y no puede ser de otro modo, pero hay elementos descriptivos a los que hay que prestar atención: la buena lectura del título y el nombre del autor, la correcta utilización de la ilustración o fotografía, una selección acertada de la tipografía, y eso sólo por mencionar el abc del buen diseñador. Huelga deciros que a mi juicio esta portada reúne todas esas virtudes, y más. ¿Qué opináis vosotros? ¿Os detendríais en una librería, un lineal o una mesa de novedades al verla?

11.5.09

Finales y principios



Después de días encadenada al escritorio y a mi MacBook, puedo prometer y prometo que he entregado los últimos capítulos de La tierra de Dios a mi editora. Ése es el título de la próxima aventura de Aalis de Sainte-Noire, que como anticipé en una entrada anterior, transcurre en la España del siglo XII, con las tres culturas y los enfrentamientos entre moros y cristianos como trasfondo.

Los finales producen una sensación extraña: a veces lo son pero no te das cuenta hasta más tarde, y otras desearías que llegasen pronto y en cambio se hacen de rogar como si supieran que cuando lleguen, la suerte estará echada. Me hace sonreír la dulce ironía de que al poner yo punto y final a La tierra de Dios, la novela empieza de nuevo: se abre a una segunda vida, la que tendrá entre los lectores que quieran leerlo, dentro de un mes. Se pone a la venta el 15 de junio, de modo que si os apetece averiguar qué sucedió después de La dama y el león, los personajes os estarán esperando agazapados en las páginas de la nueva novela, en librerías y sitios de guardar, a partir de esa fecha.

Así que hay principios felices por los que vale la pena seguir escribiendo, leyendo y compartiendo cosas con los amigos: son los que van disfrazados de final. Por esos principios, y con muchas ganas de os guste la novela que he escrito, brindo por las mujeres (y los hombres) que derrochan simpatía. Salud.

12.4.09

Historia de una portada


Termina la Semana Santa, y eso quiere decir que yo también estoy poniendo punto final a la segunda novela de las aventuras de Aalis de Sainte-Noire, la protagonista de La dama y el león. Tengo muchas ganas de avanzaros detalles del libro, pero se me ocurrió que este fin de semana os contaría cómo se diseña y se aprueba una cubierta. En parte, para cambiar un poco de tema después de mis anteriores mensajes sobre películas históricas, y en parte porque hace relativamente poco que ya hemos cerrado la portada definitiva de la segunda novela.

Y como aún falta un poco hasta que no pueda colgarla (lo haré antes de la publicación del libro, eso sí), he pensado que vale la pena hablar de cubiertas, ya que son el envoltorio que acompaña el trabajo que hace el escritor. Por lo general el diseñador, ya sea un profesional free-lance o bien parte de un departamento de diseño editorial, recibe un briefing: es una forma un poco liada de decir informe, que es lo que quiere decir en inglés. En ese texto, siempre breve, se recogen todos los elementos que puedan dar pistas gráficas: si es novela histórica, en qué época transcurre y cuál es el esquema argumental; si es un ensayo, de qué trata y si el enfoque es clásico, contestatario, informativo o de otro tipo.

A partir de ahí juegan varios factores: si el libro se publica en una colección con un formato y diseño predeterminados (por ejemplo, título en caja alta y letra de palo) o bien abierto. Si el editor está dispuesto a poner color en la cubierta, o si prefiere jugar a blanco y negro porque resulta más económico. Si se escoge un diseño con color, habrá que vigilar el gramaje (espesor del papel) de la sobrecubierta, si la hay, pues a veces la impresión de determinados tonos requiere un papel más grueso. Igualmente, si es tapa dura o si es rústica con solapas, el formato del diseño será distinto, pues el lomo del libro también lo será. Si el editor ha decidido gastarse bastante dinero en la cubierta, quizá incluya stamping en las letras: eso quiere decir que tendrán un efecto relieve muy vistoso. (A mí particularmente siempre me gusta pasar los dedos por encima de esas cubiertas, como una especie de "diseño de impulso", aunque eso no siempre conlleva que compre el libro, claro está).

Luego, el diseñador se pone manos a la obra y con todos esos elementos en juego, plantea una o varias versiones de la portada. Y como todas las actividades artísticas, a veces surgen ideas geniales (como las obras del divino David Pearson) o opciones menos afortunadas (de esas todos tenemos alguna en mente). En cualquier caso, para mí el diseñador de mis cubiertas siempre es esa persona que se ha pasado un tiempo determinado, ya sea más o menos, pensando en cómo presentar mi novela al público. Y sólo por eso, tiene mi agradecimiento.

Como véis, hay muchas elecciones, y algunas quedan en manos del editor y otras en las del autor. Generalmente, la propuesta final que se le presenta al autor para su aprobación o comentario ya ha pasado varios filtros, y no es necesario pedir excesivos cambios. En el caso de mi segunda novela, la imagen que ilustra la portada me gustó desde el primer día, pues es cálida, con colores vivos pero sin ser chillones, y el tipo de letra es el mismo que el que se utilizó en La dama y el león. Únicamente sugerí un cambio de color en la tinta de la tipografía, que mi editora aceptó encantada.

Para los que queráis hacer un ejercicio de comparación, os he colgado al principio del mensaje la versión de la portada de La dama y el león que se hizo para la edición especial de bolsillo en tapa dura. Echadle un vistazo y a ver si os gustan las diferencias que hay entre ésta y la edición trade que abre la columna derecha del blog. ¡Mañana, más!

29.3.09

Mujeres de agua


Cuando Jean Auguste Dominique Ingres pintó en 1814 este cuadro, titulado La Grande Odalisque, todo Paris se escandalizó y le llovieron los reproches de la Academia: las proporciones eran erróneas, aducían, y blandas las formas de la odalisca de harén que el pintor había retratado por encargo de la hermana de Napoleón, Carolina. Antoine Galland había publicado casi un siglo antes su traducción de Las mil y una noches, y Montesquieu no le había ido a la zaga con sus Cartas persas que narraban las aventuras de Usbek y la correspondencia que mantiene con sus cinco mujeres y sus concubinas. El propio Napoleón regresaba de una larga campaña en Egipto. En suma, Francia seguía la moda persa, la fiebre orientalizante todo lo teñía y las mujeres árabes eran vistas por ojos de pintores franceses como lánguidas flores de carne y terciopelo.

Y sin embargo, qué distinta la realidad que surge mientras me documento sobre el harén de los califas, los baños turcos y los hammam, dónde según la imaginación desatada de los caballeros del siglo XIX, pasan el día las desnudas Scherezade del siglo XII. La verdad era que los baños públicos, fuentes de higiene y de salud, abundaban en Córdoba (más de trescientos dicen las fuentes) con días alternados para hombres y mujeres; solían contar cinco salas, incluyendo un vestuario, la sala fría, la sala de baños tibios, el recinto de agua caliente, y otras dependencias para el funcionamiento del complejo. Las mujeres convergían en los receptáculos para el baño, unidas bajo un techo de lucernarias en forma de estrella, que preservaría la intimidad y convertiría el espacio de aguas en un entorno protegido y reconfortante, como si de un cálido abrazo se tratara. Allí jóvenes y mayores, vírgenes y matronas seguramente aprendían mutuamente de sus cuerpos respectivos: unas miraban el futuro de su piel en las carnes de las otras, y las mayores recordarían edades más lozanas e inocentes al observar a sus hijas y nietas gozando de los beneficios del agua y del vapor.

Leo sobre los hammam porque uno de los pasajes de la nueva novela que estoy escribiendo transcurre en uno, el baño califal situado dentro del Al-Qasr: allí, la protagonista Aalis de Sainte-Noire, cristiana y por ende ajena a una cultura dónde los cuerpos femeninos conviven sin falsos pudores, se ve confrontada a esa sensualidad independiente -que pudiera parecer paradójica en el mundo musulmán, pero que no lo es en absoluto- y aprende a ser un poco más libre. Ahora que llega esa esperada primavera, y después el verano, cuando dejaremos atrás los pesados abrigos y chaquetas del invierno, y las siluetas saldrán a la luz del sol, sería bueno recordar la estampa de un grupo de mujeres, de distintas vidas recorridas, compartiendo aire y agua sin preocuparse de la forma de sus cuerpos. ¿O es que la Gran Odalisca se avergüenza de mirar al observador, mientras le ofrece todas las imperfecciones de su gloriosa piel?

25.3.09

Dieciséis pergaminos


Se publica hoy la noticia de que se han recuperado 16 pergaminos del siglo XI robados de los Archivos de Huesca, algunos incluso firmados por reyes. Se aprecia en la fotografía que acompaña al artículo la letra apretada y estrecha de la época, el aprovechamiento de la preciada superficie del papel amarillento y me emociono como esa arqueóloga que al acariciar los huesos de la hermana de Cleopatra, soñaba que las carnes que habían vestido ese esqueleto quizá hubieran rozado a Julio César o Marco Antonio. (Digresión fílmica habitual: qué gran César fue Rex Harrison, muchos años después de haber enamorado a la hermosa señora Muir).

El siglo XI es un momento privilegiado en la Península Ibérica: contamos con abundante documentación de Al-Andalus y los reinos califales, que como toda gran maquinaria estatal suelen dejar abundantes regueros de burocracia, el barro dónde los historiadores hunden sus manos par darle forma al pasado. El califato de Córdoba, antes de desintegrarse en los reinos de taifas, creó un imperio cultural del que da buena cuenta Titus Burckhardt en su libro "La civilización hispanoárabe" (Alianza). Podéis leer la introducción aquí.

El resultado fue Qurtuba, una impresionante combinación de saber, arquitectura y poder. En Medina Azahara, la ciudad real hoy destruida, se decía que las fuentes eran de oro puro y los mármoles cubrían suelos y techos de la riquísima residencia del califa. Hay diversas recreaciones en 3D en youtube que valen mucho la pena.

Por su parte, la Península Ibérica no se quedaba corta: en esa época empezó a circular por Castilla el "Cantar del Mio Cid". El obispo de Santiago de Compostela, Diego Gelmírez, empezó en 1075 la construcción de una catedral que haría empalidecer de envidia a las demás diócesis de España. En Cataluña la Vieja, el historiador Pierre Bonnassie ha documentado un florecimiento cultural parejo al renacimiento carolingio, como el scriptorium y la biblioteca del monasterio de Ripoll. Y recomiendo al lector aficionado a la buena "pequeña historia" el volumen de Claudio Sánchez-Albornoz sobre la ciudad de León hace mil años, editado por Rialp, dónde palpita la vida de los reyes y también la de los humildes.

Pero el siglo XI sólo fue una antesala, el caldo de cultivo de la explosión de saber, conquistas, luchas y conspiraciones que llegaría después. Cuando empecé a escribir "La dama y el león", situada en el siglo XII en el norte de Francia, me dejé enamorar por las delicadas letras del amor cortés y de los poetas de la corte de Champaña. En mi siguiente novela, he regresado a las tierras de España para aprehender e imaginarme un siglo XII que no tiene nada que envidiar al de nuestros vecinos europeos. Mañana, más.

24.3.09

Vuelta a empezar

En abril de 2007 deseaba un feliz "ramblejar" a los visitantes de este blog, y me parece increíble encontrarme de nuevo a las puertas de un nuevo Sant Jordi, el de 2009. Las cosas han cambiado, hay personas que han llegado y otras que se han ido de nuestras vidas, pero este vaivén no ha sido para quedarnos igual, a la Lampedusa. La familiar compañía de la crisis que, siendo una palabra tan corta, se traduce en un largo desfile de cotidianos ahorros, es la gran diferencia entre la bonanza de hace dos años y la frugalidad de hoy.
Y sin embargo, qué alivio. Alivio es olvidarse de grandes y fastuosos regalos de aniversario, Navidad o festividades forzadas, y volver al detalle simple y cariñoso de acordarse del otro y de su día. Alivio es no tener que contestar interrogatorios si decidimos pasar las vacaciones en casa, ¿dónde mejor que en casa?, en lugar de arrastrarnos por paraísos prefabricados o vivir veranos de otras ciudades. Alivio es para mí vivir y trabajar entre libros, esa pseudo-mercancía que parece resistir los embates del mercado mejor que otras, y que por mucho que traicione a unos con otros, siempre me lo perdonan y devuelven infidelidades con abrazos.

Así que bienvenidos de nuevo a este espacio; ya lleguéis con ordenadores más económicos, ediciones de bolsillo y mesas de Ikea, o bien con Apple, libros de tapa dura y mobiliario de teca. La ventaja es que la lectura jamás hizo distingos entre ricos y pobres, porque las letras sí son socialistas de pro: se leen igual para todos.

22.4.07

Feliz "ramblejar"

Se conoce como "ramblejar" un placentero paseo Ramblas abajo, siendo las Ramblas uno de los ejes más importantes de la ciudad de Barcelona. En el día de Sant Jordi, el paseante no solamente verá flores, estatuas humanas o quioscos de pájaros (aunque el destino de éstos pende de un hilo, a tenor de la voluntad regulatoria del Ayuntamiento), sino también paradas y más paradas de libros.


Reconozco que hace años que no "ramblejo" en Sant Jordi. Como un explorador aquejado de timidez, me limito a las anchas aceras del Paseo de Gracia hasta llegar a Plaza Catalunya, y aún éstas no logran a veces absorber el volumen de ciudadanos que salen a la calle en busca de libro y rosa. Menos espaciosas a pesar de su encanto añejo, las Ramblas se convierten en una columna humana que parece detenida en el tiempo, pues no da la sensación de avanzar ni un ápice. Eppuor si muove, pues la marea sigue su curso, hacia el mar y la sal. Los valientes compradores de libros respiran el aire que viene de las islas cuando llegan al pie de la estatua de Colón.


En parte la fiesta ha cambiado mucho para mí, desde que entré a trabajar en una editorial, hace ahora ya (¿tanto?) diez años, y no digamos desde que publiqué mi novela. Evidentemente no es lo mismo comer en un restaurante que formar parte de la cocina. Pero no estoy hablando de ninguna "inocencia perdida" o ataque de desilusión galopante. Eso me parecería de una ordinariez supina, y disculpadme la expresión. Quiero decir que todos hemos visto House, ¿no? Y algunos, antes de eso, hasta llegamos a leer esas crudas descripciones del mundillo médico que eran La casa de Dios y Monte Miseria, de Samuel Shem. En sus desternillantes y grotescas novelas retrataba a los gobernantes de manicomios y hospitales como seres aptos para el ingreso urgente en la institución que ellos mismos regentaban. En resumen, que en todas partes cuecen habas.

Así que no, lo cierto es que no esperaba que el negocio que rodea a la literatura fuera distinto de otros. He tenido suerte, también es verdad: los profesionales que me han atendido (editores, agentes literarias, diseñadores, agentes comerciales, libreros) en mi faceta de autora han sido eficientes, encantadores e impecables. No, no. En serio. De verdad.


De modo que volviendo a esas personas que mañana saldrán a la calle (y que ya llenaban las librerías desde el viernes por la tarde) en busca de un regalo libresco, mi duda radica en si apreciarán la labor que hay detrás de todo editor y autor cuando presenta un volumen al público. Me lo pregunto, en primer lugar, porque hay mucho gato por liebre y no poca desvergüenza, así que no es de extrañar que al personal la mosca ya no sólo se le haya subido a la oreja, sino que la tenga mordisqueándole el metacarpo. Y me lo pregunto también porque entre tantas y tantas publicaciones nuevas, hasta una veterana (a mis tiernos diga treinta y tres) se siente abrumada por la grandísima oferta. Lo explica muy bien el periodista Barry Schwartz en The Paradox of Choice. De tanto dónde escoger, termina uno por no saber qué elegir.


Así que mi prudente recomendación para mañana lunes, día de Sant Jordi, es la siguiente: salid a la calle sabiendo que hay muchos y buenos editores, y otros tantos autores. que han trabajado duro para ofreceros su libro (amén de los sufridos libreros, que como todo intermediario reciben por todos lados). Desconfiad del libro fácil y también del difícil: lo importante es que al sostenerlo en vuestras manos, se produzca esa magia entre la intuición del lector, la contratapa del libro y la cartera del que compra, que desemboca en la adquisición del libro.

Nada más (y nada menos) que un pequeño milagro.

En vísperas de Sant Jordi


Vuelven las rosas a la ciudad, invaden de nuevo las aceras los libros.

Es Sant Jordi, esta vez del 2007. Hace un año, recuerdo que pasé uno de los días más felices de mi vida, rodeada de amigos y de lectores, firmando ejemplares de mi novela recién publicada, La dama y el león, y disfrutando de la fiesta sin más preocupaciones que llegar a tiempo a la siguiente librería. En la víspera de este 23 de abril, sigo atareada pero esta vez en mi siguiente obra. No es tiempo de firmas, sino de redacción y escritura, de reescritura y revisión. Más arduo, más desagradecido, aunque creo que no cambiaría casi nada de lo sucedido entre el pasado dia de Sant Jordi y el que se avecina.

Es increíble que en un año se acumulen tantísimas caras y caracteres nuevos y viejos, charlas insospechadas y conversaciones inauditas, momentos tensos e instantes de alegría infinitas, llanto de novela rusa y risas ligeras. Recordaré 2006 como un año increíble, pero confieso que el presente no se queda corto. Espero estar compartiendo pronto el fruto de todo este año de trabajo. De momento, me parece un pequeño gran tesoro, una de esas victorias cotidianas, el haber vuelto a este redil público y a la vez, tan secreto. Como dice un personaje al que le tengo afecto, es hermoso.

Mientras tanto, os deseo un feliz día de Sant Jordi, un agradable y soleado paseo por las calles enlibradas de nuestra ciudad, y envidio la suerte del volumen que escogeréis para llevaros a casa.

Mi recomendación de este 23 de abril: La biblioteca de los libros perdidos, de Stuart Kelly. Para los aficionados a la historia de los no-libros, los seguidores de Vila-Matas y los adictos a los deliciosos compendios de anécdotas y literatura que hilvana Alberto Manguel.

16.10.06

Pasaba por aquí

Lo sé, lo sé. No es de recibo empezar con tres densos párrafos, dar la mano, hacer las presentaciones, y luego desaparecer sin más. En mi descargo diré que esto no es un cuaderno de bitácora (como diría Duchamp, "ceci n'est pas une pipe") sino un diario virtual que no escribo en un cuaderno Moleskine porque me da en la nariz que las narraciones de mis aventuras no quedan a la altura de las de Bruce Chatwin, y bastante es teclear en el vacío como para además ser puntual, formal y comedida. Es decir, que bienvenidos de nuevo y a lo nuestro.

Dan para mucho cuatro días sin fichar. Para los afortunados neófitos no familiarizados con la vida laboral, "fichar" es el acto de ceder tu tiempo a un empleador a cambio de dinero. Así que "no fichar" equivale a disfrutar del día sin más imposiciones que las imprescindibles de la vida cotiana, a saber, comprar leche, el periódico y sacar la basura. Pero decíamos que dan para mucho, esos días sin intercambios. Dan para hacerse con algún libro del último Premio Nobel de literatura, Orhan Pamuk, y respirar hondo porque vale la pena. Dan para remordimientos, tras la moderna traición, para volver al abrazo cálido y comprensivo de los clásicos olvidados en la estantería fría, y darle vueltas a Montaigne y Rousseau y a todas las confesiones que han brotado antes que la propia. A mí que tanto me cuesta recordar las palabras exactas de los demás (quizá porque toda mi energía se emplea en recordar las frases perfectas que cruzan mi cerebro a toda velocidad, demasiado rápidas para capturarlas en página quieta), vuelve continuamente a mi cabeza una cita de María Zambrano, "toda confesión es la esperanza de recuperar un Paraíso perdido", y me distraigo pensando en qué carajo de Paraíso quiero recuperar, si tuve alguno.

Y acaso sea que quiero volver a encadenarme a las letras del teclado, que ese es todo mi Paraíso. La mayúscula, como en el caso de todos los escritores, va en el "mi", antes que en el paraíso. Cualquier emborronador de cuartillas que se precie y se conozca sabe bien que crea para tener el poder de crear. En mi caso, confieso que la felicidad absoluta me llega en el instante en que me olvido de todo lo que hay fuera del cuadrado blanco de la pantalla, y me rompo los sesos para poner juntas cuatro palabras y contar una historia. Como acabo de hacer ahora.

Recomendaciones para hoy: de vez en cuando, mirad a la cara de la gente con la que os cruzáis por la calle. Ya, ya. Pero probadlo.

3.9.06

¡Bienvenid@s!

Me rindo. Esta entrada - curiosa forma de llamar a la exposición pública de unas letras, que salen y flotan y vete a saber dónde terminan - es una derrota, pero qué le vamos a hacer. Grandes hazañas empezaron muy mal, o si no preguntádselo a Enrique V (el de Kenneth Branagh, si no os importa) y otras que a priori nacen apadrinadas no tienen buen final. Como decía, qué le voy a hacer si para garantizarme mi espacio de escritura tengo que hacerlo público, y pactar ese par de horas diarias no sólo conmigo y mi ordenador, sino también con un navegante anónimo que dé en parar por aquí, y con el que fingiré que tengo una cita, no sé si diaria o semanal o qué. Tampoco hagamos leña del árbol caído. A ver si por comprometerme a escribir en este cuaderno de bitácora, como me dicen los puristas (siempre tan serviciales) que se tiene que llamar esto, vamos a fijarnos horas y mirar relojes con cara agria. Navegar nunca ha sido una actividad de gente apresurada.

Como buena principiante, ignoro si hay extensiones adecuadas para un primer tiento, pero supongo que sí habrá tiempo para los nombres y los porqués. Los afortunados que no los necesiten, nos veremos en algún otro renglón. Para los demás: me llamo Claudia Casanova, y las letras han sido siempre mi debilidad, en cualquiera de sus formas. He hecho varias cosas a lo largo de mi vida, que cuenta con 32 años bastante bien empleados, pero ni la mitad de lo que soñé hacer alguna vez: descender por el río Orinoco, encontrar las minas del Rey Salomón o subirme al cohete de los Méliès y terminar estampada en el ojo de la Luna. En fin, que soy un poco miedosa en lo que se refiere al riesgo físico, por lo que siempre agradecí mucho a los escritores que me dieran la oportunidad de experimentar las emociones de la aventura, el desgarro de la tragedia y los azares de la peripecia sin necesidad de hacerme un rasguño.

De modo que de mayor quise hacer lo mismo, y hace unos meses publiqué La Dama y el León, mi primera novela, en la editorial Planeta. Es un relato de aventuras, protagonizado por una mujer, Aalis, que escapa de la vida que los suyos quieren imponerle, en el siglo XII, en el norte de Francia. No os digo más, excepto lo evidente: que fue una gran alegría ver el manuscrito publicado y que estoy muy orgullosa. Pero en la sangre de los que tenemos la tremenda desvergüenza de sentarnos a escribir no corre precisamente la satisfacción, sino una permanente consciencia de no haber logrado llegar a plasmar perfectamente todo aquello que bullía en nuestra cabeza, y eso nos impulsa a seguir escribiendo (para desespero de los detractores y gozo de los lectores fieles). Así que después de un rodeo, vuelvo a deciros que estas palabras están aquí, colgadas (literal y figuradamente) porque tengo que seguir tecleando y ejercitando mis manos y mi mente. No estoy satisfecha, y no creo que nunca llegue a estarlo. Pero si por el camino me divierto intentándolo, y alguno de vosotros también, no habremos perdido demasiado.

Recomendaciones: tomad un buen bistec de carne roja un par de veces al mes. De lo demás, hablaremos otro día.