28.2.10

La cicatriz móvil



Desde que dedico la mayor parte del día a leer y escribir (actividades tan agradables que pido perdón mentalmente cada dos por tres al tótem de turno porque no concebía que la vida pudiera ser tan generosa), dispongo de más tiempo para atender a mis lectores, y los más avezados me han escrito para comunicarme la detección de algún que otro gazapo que se deslizó entre las páginas de mi novela La tierra de Dios. Tengo que decir que salvo excepciones, el contenido de los mensajes es comprensivo, atribuye el error a un lapsus (como así fue) y asegura que han disfrutado sin mayores problemas de la historia, los personajes y la recreación histórica; de lo cual me alegro mucho, y me alivia no sabéis de qué manera.

Como digo, mi tiempo ya no es un bien escaso, situación que es excepcional, como tan lúcidamente describe Javier Marías en esta entrevista. Ese tiempo es lo que me ha permitido encontrar esta página en la web de reseñas literarias de Anika entre Libros: una lista de gloriosos gazapos compilada por los lectores. Y allí recibe todo el mundo, merecidamente: contratapas que no tienen nada que ver con el interior, descoordinación temporal entre las distintas tramas, informaciones que saltan de un personaje a otro como por arte de magia. Dan Brown recibe, sobre todo, por su caprichoso uso de las vías de tren andorranas, siendo que éstas al parecer no existen. El gazapo que más me ha llamado la atención, por breve y por ser el autor Alejandro  Dumas, es uno relativo a la obra Los tres mosqueteros, que yo había seleccionado como una de las diez novelas que me llevaría a una isla desierta (y hoy me reafirmo en esa decisión).

Firmado por un tal Doctor Lecter, el gazapo reza así: "En la pagina 29, Rochefort tiene una cicatriz que le cruza la mejilla, en la 60 la tiene en la barbilla y en la 70 en la sien. ". ¡Es genial y fantástico! No esperaría yo menos de Dumas, escritor compulsivo, corredor del papel en blanco, devorador de hojas para quién revisar y revisar y revisar hasta la extenuación era no solamente un lujo que no podía permitirse, sino también la antítesis de toda su literatura flamígera y apasionante. Brindo por esa cicatriz bailarina y desvergonzada, que convierte a Rochefort en un ser aún más monstruoso: ¡un desfigurado posmoderno!Ahora mismo voy a poner el libro en mi pila de relecturas pendientes.


PS: Iba a poner encabezando la entrada una imagen del conde de Rochefort, pero he dado con este exuberante cartel (y cómo no ha de serlo, con la Milady de Lana Turner en primerísimo plano), y no me resisto a desearos un buen domingo con un guiño camp.

25.2.10

Lealtades y (des)lealtades


Hoy es día de alborozo, y ahora explico la razón. Me permitiréis que en lugar de hablar de letras, mencione números. Concretamente, las visitas que este humilde blog ha recibido durante el pasado año, del período del 1 de febrero de 2009 al 1 de febrero de 2010. Casi cuatro mil visitas, y tres mil usuarios únicos, han leído, visto o echado un vistazo a unas seis mil páginas de este blog. De entre todos ellos, mil usuarios eran visitantes recurrentes. (¿Que cómo lo sé? Gracias al Gran Hermano Google Analytics, la herramienta de información de todo administrador de blogs que se precie). Así que no puedo por menos que agradecer la lealtad y fidelidad de mis lectores del blog, y desear que estas líneas os sigan entreteniendo durante, como mínimo, otro año más.

De la lealtad se habla mucho y se sabe poco. Sólo cuando es necesaria como la venda para una herida, se averigua si está o no está. Yo estoy segura de cuándo he sido leal, a personas, sentimientos o libros, y también de cuándo he sido recompensada con actos de lealtad. En esa certeza reside, creo, uno de los mayores tesoros de sabiduría que he descubierto en mi vida, porque aunque vivo de la ficción, no vivo en ella.

Uno de los autores a quién sigo siendo leal, a pesar de que no escribe ficción, es Jonah Lehrer. Este insolentemente joven escritor (basta entrar en su página web para comprobarlo) ya me pareció, cuando lo leí por primera vez, una de las voces más singulares e interesantes de la próxima generación de divulgadores científicos, y por ello no dudé en adquirir sus derechos durante mi etapa como editora. Está a punto de publicarse su primer libro, Proust y la neurociencia, del que Oliver Sacks afirma que "su estilo incisivo es reflexivo a la par que modesto". Reflexión y modestia, lealtad y libros. ¡Feliz lectura!

PS: Revisando a Shakespeare via Brannagh, con todos sus manierismos, pero ¡qué festín!

21.2.10

Kalamazoo



Contra el cansado cinismo del Viejo Mundo, a veces me cuesta no abrazar y cubrir de besos la frescura descarada del Nuevo. Existe un congreso medieval en Estados Unidos que reúne a más de tres mil medievalistas cada año, y junto con otros eventos, es una cita obligada de los historiadores especializados en la Edad Media. Lleva celebrándose durante más de cuarenta ediciones. Del índice de sesiones ya se deduce que esto no es una mesa redonda local para vanagloria de los mismos pocos de siempre: hay un debate sobre la historiografía de las Cruzadas, un paper sobre la autoridad religiosa del obispo de Cracovia en la Edad Media, o un estudio de las alegorías ciceronianas en la Morte d'Artur de Malory.... En fin, cosa seria. ¿Y dónde, preguntaréis, se celebra dicha reunión de mentes pensantes y escribientes, de jóvenes aprendices, de  sesudos académicos, de editores, libreros y bibliotecarios? ¿En Washington, en un corro respetuoso delante de la estatua de Lincoln? ¿Boston, quizá, o Philadelphia, por aquello de los padres fundadores? ¿O en Columbia, o Stanford, u otro campus egregio de alguna universidad de la Ivy League? ¿O es que algún millonario ha destinado su fortuna a comprar una propiedad de aúpa en The Hamptons, para disfrute de los intelectuales?

La respuesta es Kalamazoo, Michigan. No es la capital del estado, aunque sí es la ciudad más grande, superando los setenta mil habitantes. Hay una universidad importante, y también allí está la sede Pfizer, cosas de la vida. Un dicho reza: "de Tombuctú a Kalamazoo"y también se la conoce como "K-Zoo" o "El Zoo". Hay un aeropuerto, el Kalamazoo/Battle Creek Airport. Ya os hacéis a la idea. Fantástico, ¿verdad? Me encanta. Jamás he asistido a dicho congreso, pero está en mi lista de pendientes vitales: estoy suscrita a varias listas de información sobre historia medieval, y en los meses anteriores al congreso de Kalamazoo, los participantes se animan y se agitan como adolescentes norteamericanos ante la perspectiva del baile de la promoción. Un acontecimiento de innegable importancia académica, y que aún genera tanta ilusión entre los asistentes debe ser digno de verse. Así que, ¡viva El Zoo! Y mientras, que paséis un buen domingo entre amigos.


20.2.10

Diez reglas para escribir ficción


No soy amiga de las listas de consejos para escribir mejor. Creo que si escribir es (atención: sigue definición amplia) poner palabras una detrás de otra con acierto para contar una historia, la única forma de aprender es imitando (en el sentido clásico, que no pedante, de la palabra: siguiendo al buen amigo Aristóteles) a los (muchos) que han escrito bien antes de uno. Pero admito que me divierten las respuestas de algunos escritores consultados en estas listas. A raíz de las diez reglas enunciadas por  Elmore Leonard, en el diario The Guardian responden otros autores, entre ellos Margaret Atwood, Phillip Pulman, Sarah Waters o Zadie Smith. Hago un batido personal y os traduzco las diez  siguientes:

1 - ¿Vas en serio con lo de escribir? Búscate un contable (Hillary Mantel, ganadora del Booker 2009)
2 - Trabaja con el corazón ligero y esperazando. Pero prepárate para lo peor (Joyce Carol Oates)
3 - Avanza lentamente y con cuidado (Annie Proulx)
4 - Mi principal consejo es que rechaces propuestas como esta, que  distraen y no  permiten concentrarse en escribir (Phillip Pulman)
5 - Lee mucho (Ian Rankin)
6 - Escribe mucho (Ian Rankin)
7 - Reescribe (Will Self)
8 - Lo más parecido que tengo a una regla es una cita de Flaubert, colgada en un post-it delante de mi escritorio que dice "Faire et se taire", que viene a ser: "Escribe y calla" (Helen Simpson)
9 - Acaba todo lo que empieces (Colm Tóibin)
10 - Pásatelo bien (Jeanette Winterson)

Y ahora sí, vuelvo al trabajo. ¡Feliz sábado!

15.2.10

La devoralibros

El canibalismo de libros lo practiqué con fruición a los quince, los dieciséis, luego los veintidós y Dios mío, qué tan rápido llegaron los demás. La devoralibros que fui ha vuelto, y estoy gozosa. El denostado papel impreso me tiene presa y a gusto,  y no me dejo soltar. Estoy leyendo por placer y por trabajo; son dos yugos que se pelean por mis ojos y eso que yo se los cedo sin resistencia. Terminé con Joseph Conrad (si es que puedo dejar de pensar en el acantilado del viejo pirata y en la plata de la mina de santo Tomé) y me dejé caer por el palacio de los sueños y de las angustias de Imré Kerstez. Luego, porque prefiero equivocarme dos veces a no cometer errores, volví a caer en su abril quebrado. Después me apetecieron las fábulas de verdad e hice venir a Díaz del Castillo porque no hay como la crónica para romper para siempre y por un tiempo con el romanticismo. Y entretanto, le sigo prestando mis ojos a otros libros mientras éstos no miran. ¡Y sólo estamos en el mes de febrero! Me crecen los caninos cuando pienso en el festín de abril.

10.2.10

Principios y finales



It was the best of times, it was the worst of times. El socorrido principio de la novela de Charles Dickens prosigue con líneas igual de sabias hoy que ayer, pero el impacto de ésta cuenta con la bendición que besa a las primeras frases de novela, las que siempre recordaremos aún después de que pasen muchos años desde que se leyeron. Creo que por esa cualidad inmarchitable y hasta cálida, suelo recurrir tanto y tan a menudo a ella. También porque indefectiblemente (o excepto en  caso de falta flagrante de sentido del humor) arranca una sonrisa, y a mí me agrada ver sonreír.

Estos días, sin embargo, de un año corto y largo a la vez, tengo que serle un poco infiel a mi Dickens, porque el remolino de vértigos que son los días que empezaron sin querer se ha arrebujado en la primera parte de la primera frase (y si yo fuera Groucho añadiría de la segunda parte contratante de la primera parte). Es decir, que ya está todo aquí, que ya es tiempo de principios y finales. Se terminan novelas y se empiezan proyectos de esos que viajan con zancadas largas, con mariposas en el estómago y pulmones henchidos de aire y de orgullo. Así que hoy, y lo siento por Dickens, es el mejor de los tiempos, sin más. Muchos ánimos y seguimos.

PS: ¿Qué imagen tiene un final y un principio? Me ha costado decidirme.

6.2.10

Up in the Air


Un balón de oxígeno inteligente para nuestras vidas cómodas e incómodas. Sí, el protagonista es George Clooney pero eso es lo de menos (o en todo caso aquí pesa el actor, no el icono). Con los pies en el suelo pero la cabeza en todas partes, me tomo un respiro (¿o es un Nespresso? Perdón por la publicidad inevitable) para recomendaros esta película, un soberano antídoto contra la sandez, que además de todo eso, es buena.

2.2.10

De moda y literatura



No, esta entrada no va de suecos best-séllers (que están de moda) ni de novela negra (que también lo está porque estos días Barcelona cambia de nombre y se llama BCNegra, por lo menos hasta el 6 de febrero en que se celebrará el fin de fiesta en la conocida y querida librería Negra y Criminal).

No, esta entrada trata de un artículo que relata la iniciativa (a mis ojos, inaudita)  de unir moda y literatura de la siguiente manera: veinte diseñadores veinte seleccionados por la Asociación de Creadores de Moda de España, entre los que se cuentan nombres como Devota y Lomba, Amaya Arzuaga o Purificación García, más un grupo de diseñadores húngaros y belgas, han aceptado el reto del proyecto impulsado por la Presidencia española en Europa, el Instituto Cervantes, y una retahíla de colaboradores culturales demasiado larga como para reproducirla, de plasmar en diseño veinte textos imprescindibles de la cultura en lengua castellana. Se ve que han hecho sus deberes y han leído a Barthes.

Así, las agujas más dotadas del país (y de Bélgica y Hungría, que también se han apuntado por aquello de que cuantos más, mejor) se han dedicado a imaginarse cómo serían en tela, color, forma y textura las obras de María Zambrano, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez. La comisaria de la iniciativa la califica de "torre de Babel de los sentidos". Lo dicho, que no salgo de mi asombro, pero bienvenido sea porque la sorpresa es hija de la curiosidad, y la inteligencia, prima hermana de todas ellas. ¡Feliz semana!

PS: El traje de en medio corresponde al diseño de Amaya Arzuaga sobre María Zambrano.

31.1.10

La ley de la selva (amazónica)


Ante todo, una disculpa a los lectores aficionados a la historia, la Edad Media, la novela histórica o la literatura en general, pues éstos son habitualmente los temas centrales de mis entradas. Pero llevo un tiempo dedicándole, consciente de ello, más espacio a los aledaños de las letras (es decir, al modelo de negocio del libro) porque, ya que somos no sólo lectores y autores sino también consumidores, me parece válido hablar también de los vaivenes del sector. Igual que, llegado el momento, hablaré de una feria del libro, el proceso de selección de un título o la ardua tarea de encontrar al diseñador perfecto para una colección (y hago un inciso travieso: ¿para cuándo un Meetic de editores-diseñadores? Porque hallar el diseño ideal es como enamorarte: hay flechazos y relaciones cansinas, pequeñas mentiras y grandes ilusiones. En fin, otro día será).

Hoy, después de la tempestad iPad, viene la calma... o no. Jeff Bezos, el nombre que manda en Amazon, debe haber agotado este mes sus reservas de Tranquimazin, sabedor de que sus competidores en el arte del artilugio no eran Barnes&Noble ni Sony ni nadie con otro aparato parecido al suyo (pun intended). No, el que le ha quitado el sueño antes y después de aparecer en sociedad es el iPad de Steve Jobs. Y efectivamente, movimientos violentos en las placas de magma de la jungla de Amazon se dejan ver con toda la arbitrariedad de las negociaciones en las que se juegan fortunas y tupés: cuando el presidente de MacMillan, grupo editorial de gran tamaño y mejor fondo, le sugirió a los chicos de Amazon que eso de poner el precio de sus títulos a $9,99 no le daba para que comiera ni el bedel de su sede en Wichita, la respuesta de la jungla vino tajante. Desde el sábado, y según las noticias que llegan del país de la libre competencia, Amazon ya no vende los e-books de MacMillan. Pero también ha decidido que no vende sus títulos en papel. Vamos, boycott puro y duro. Seguramente, a Jeff Bezos no le gustó ver que Apple había conseguido aliarse (únicamente para el mercado norteamericano, que ya sabe el departamento jurídico de Apple que Europa es otra cosa) con Penguin, HarperCollins, Simon&Schuster, Hachette y ¡oh, sorpresa! MacMillan, para ofrecer sus contenidos en el iPad.  ¿Herramienta de negociación? ¿Vil chantaje? La ley de Amazon: la mera idea de perder un monopolio en el que habrán invertido gillones (a servidora se le ocurrió un día este maridaje de gigas, giles y millones) hace sudar tinta china (que no electrónica).

Tan sencillo como eso, tan complicado como lograr que todos ganen un poco y nadie lo pierda todo: al surgir el primer competidor real al monopolio que Amazon estaba desarrollando en el libro electrónico, los editores han movido ficha, tratando de proteger su propia existencia (sustentada en base a los márgenes) y la de sus autores. En ese sentido, es honesta e ilustrativa la carta de John Sargeant, el presidente de MacMillan, a sus colaboradores. Y lo primero que MacMillan y los demás editores han preguntado es: ¿a quién *** se le ocurrió rebajar el precio del e-book a la mitad de la edición en tapa dura? Amazon no responde: ataca, y esto no es el futuro del libro. Está privando a los lectores aquí y hoy de acceder a los libros de MacMillan, no importa en qué formato. Afortunadamente el dominio electrónico de Amazon se acaba, y ellos lo saben. Pero el miedo cría miseria, y Jeff Bezos hoy ejerce la miserable presión de su frágil poder. Mañana, veremos.

PS: El señor de la imagen es Adam Smith.

29.1.10

El hombre discreto



El mejor homenaje a J.D.Salinger (1919-2010) es leerle de nuevo:

"Among other things, you'll find that you're not the first person who was ever confused and frightened and even sickened by human behavior.  You're by no means alone on that score, you'll be excited and stimulated to know.  Many, many men have been just as troubled morally and spiritually as you are right now.  Happily, some of them kept records of their troubles.  You'll learn from them - if you want to.  Just as someday, if you have something to offer, someone will learn something from you.  It's a beautiful reciprocal arrangement.  And it isn't education.  It's history.  It's poetry."

27.1.10

Año cero

Para el sector editorial, hoy sólo existe un nombre: Steve Jobs.



PS: Una vez seguido por twitter el evento de Apple para la presentación del iPad, y vistos los comentarios de los consumidores, la conclusión es que Kindle ha perdido la partida (blanco y negro contra color, imbatible) pero los editores y los autores seguimos en pie :) Apple propone una biblioteca al estilo de iTunes llamada, oh sorpresa, iBookstore. El iPad más barato a $499 y el más caro puede ascender a más de $800, si le añadimos mejor navegabilidad y memoria. Overseas, a partir de junio. Veremos. Ah, y un toque de imprevista cotidianeidad: las sorprendentes connotaciones  de higiene femenina que despierta el dichoso nombrecito entre las huestes anglosajonas, y el consiguiente rechazo entre las féminas, que preguntan si el equipo de márqueting de Apple está enteramente compuesto por hombres desinformados. Mientras, los businessmen dudan de si un nombre afín al mundo de la celulosa merece un lugar en sus negros maletines de eficacia. Al final, afortunadamente, el nombre no hace al objeto. En fin, cosas veredes.

18.1.10

The Slush Pile




En inglés, slush significa nieve medio derretida, fangosa o más generalmente, montón informe. Con ese término tan poco halagüeño describen los editores la pila de manuscritos (the slush pile) que llegan a una editorial por la vía directa del envío de autor, sin intermediarios o agentes literarios que los hayan filtrado. En el mundo editorial anglosajón es una excepción que surja un texto que se estime merecedor de publicación de entre esa pila de manuscritos, como se explica en este interesante artículo del Wall Street Journal. (También aborda los delicados problemas de propiedad intelectual derivados de un envío indiscriminado, especialmente en el campo audiovisual).

Sin embargo, a mi juicio (y últimamente miro más con ojos de autor que de editor, qué duda cabe) hay que destacar un punto en concreto del reportaje, y no es lo difícil que resulta abrirse paso hasta la mesa, los ojos y la atención del editor, sino lo democrático de las posibilidades que se abren a un autor novel: al parecer HarperCollins abrió en 2008 una página web, www.authonomy.com, en dónde el aspirante a ser publicado por la casa madre cuelga su novela, y en función de los votos de los lectores se elabora un ránking, cuyos manuscritos serán leídos por los editores de HarperCollins. El artículo del WSJ informa que cuatro novelas se han publicado por este sistema. Recuerda entrañablemente a las primeras ediciones de OT, cuando (aún) se trataba de encontrar perlas entre largas filas de aspirantes.

Así pues, es admirable cómo en tiempos inciertos los editores que miran hacia el gran público siguen refinando sus formas de optar por la literatura de masas, en este caso, ¡magistralmente logrando que las propias masas seleccionen los libros antes de ponerse a la venta! Es el sueño dorado de un ejecutivo, y el germen de la edición wiki (por si acaso, reclamo el acuñamiento del palabro que hoy en día por menos de un creative commons se queda uno sin reconocimiento público). Lo más divertido del asunto es que en el proceso final, puesto que es tan fácil colgar un texto en la web, el premio es la publicación en papel del texto electrónico. Es decir, que lo deseable y deseado es lograr dejar atrás el hipertexto, mera herramienta de transición, y convertirlo en el ansiado fetiche, el objeto hermoso, el injustamente denostado libro. A mí, qué queréis, en pleno marasmo de burbujas digitales, me cuesta poco encontrar pequeñas alegrías (y grandes ironías). ¡Feliz semana!

16.1.10

Noche




Después de ver la mención de Manuel Rodríguez Rivero en el suplemento cultural Babelia al texto "Night" del historiador Tony Judt, y buscar y leer y estremecerme al leer las palabras del hombre que sólo puede yacer, aquí os dejo el link al artículo del NYT. Cortesía de EL PAÍS, la traducción al castellano aparece este domingo.  Las noches inmóviles de Judt son, a mi juicio, el lúcido contrapunto para este sábado de cielo azul en Barcelona.

14.1.10

Nostromo




Casi de puntillas escribo esta entrada, para que parezca que no estoy, porque la nieve en Madrid convertía la ciudad en otra, en la que cada esquina prometía un fiel Bezukhov, y ahora que tampoco estoy en Barcelona, me arrebujo al calor del hervidero de Costaguana mientras Sulaco nace con la plata de Gould y nuestro hombre, nostr'uomo, Fidanza, se ocupa de proteger el tesoro a costa de su alma. (Nostromo, que no sabe cuál será su vida futura con la teniente Ripley). Conrad contra viento, marea, lluvia y nieve: el viejo marinero, el artero ilusionista, el sabio narrador, el antídoto contra los temporales. Faltan cien mil gargantas, dicen, porque se las ha tragado la tierra, y decido no estar un rato más.

7.1.10

Lo que el tiempo se llevó




Me quedo helada al leer la noticia de que un editor cristiano sito en los Países Bajos ha modificado el título de la novela de Joseph Conrad "El negro del Narciso" porque estima que la palabra nigger (más frecuente en la época de Conrad que en nuestros tiempos hipercorrectos, aunque al espectador habitual de The Wire no se le mueva una ceja al oírla) le quita lectores, y lo ha renombrado en el inglés original como The N-word of the Narcissus. Afirma, siempre según el artículo (y después de la inteligente inocentada/fogonazo de Stonehenge voy con mucho cuidado y cito las fuentes porsiaca), que "el pasado debe ser traducido al presente".

Bueno. Como traductora, no puedo estar más de acuerdo. Incluso me río con las adaptaciones zombis de Jane Austen -y esperad a que lleguen las monstruosidades marinas de Sentido y sensibilidad- pero una cosa es traducir y otra es tergiversar. Ambas palabras empiezan con la letra t y ahí acaba su parecido. Aunque los editores, históricamente, se han caracterizado por un libérrimo uso de su poder de decisión, debería haber límites saludables, como los títulos ya acuñados por el paso del tiempo. O que baje Joseph Conrad y lo vea.

¿Existió El Dorado?




Me emociono, como siempre que se publican este tipo de noticias sobre paraísos enterrados, tesoros perdidos o Atlántidas reubicadas, que tantas películas y novelas han alimentado, -incluida la última entrega de Indiana Jones- cuando leo que algunas exploraciones en el Amazonas podrían sustentar la idea de una gran civilización perdida, con ciudades de "brillantes y blancos caminos" e incalculables conocimientos, los necesarios para erigir edificios comparables a las pirámides egipcias. Gracias a las imágenes por satélite, los científicos que estudian los restos arqueológicos afirman que la población que habitaba esos asentamientos podría ascender a más de sesenta mil personas. Siempre según esas investigaciones, la antigüedad de esa cultura pre-colombina monumental podría estar entre el 200 A.C. y el año 1283. Sea como fuere, son cifras poblacionales impresionantes, y no precisamente comparables si pensamos en una ciudad de tamaño medio en el Occidente medieval. El artículo completo (en inglés) puede descargarse aquí.

3.1.10

De la equidistancia como una de las bellas artes


Pienso en Thomas De Quincey, ese gran fumador de opio, y por eso parafraseo su otro título más conocido, cuando leo la pequeña gran tormenta que se ha levantado estos últimos días de 2009 y primeros del flamante año 2010 acerca del libro digital, a resultas de algunos reportajes en los medios y subsiguientes comentarios en la red. Digo pequeña gran tormenta porque, afrontémoslo con toda la humildad y el buen humor que nos den los Dioses (eso sí, los del remake de "Furia de titanes", porque aunque no salga Harry Hamlin, espero esta nueva versión con fruición, por el duelo entre Liam Neeson/Zeus y Ralph Fiennes/Hades), digo que afrontemos ya que la batalla final del libro digital se librará en Anglosajonia, y no en España. Pretender adelantarnos es no conocer la diferencia entre la CIA y la TIA: esto es, que allí no se andan con chiquitas y aquí todos juegan a canicas. Por eso Markus Dohle, el presidente (glups) de Random House USA se quedó tan ancho el pasado 11 de diciembre comunicándole por carta a los agentes literarios norteamericanos que se considera propietario de los derechos digitales del fondo editorial de los sellos de su grupo. Y por nuestros lares, bueno, pues hacemos lo que podemos, y esperamos (todos, los de aquí y los de allí) a la conferencia de Apple el 26 de enero, a ver si Steve Jobs lo revoluciona (y soluciona) todo ya de una vez.

Digo equidistancia, y por eso me sale tan larga esta entrada, porque vivo dos realidades: la del que sabe lo que cuesta editar un libro y pagar a todos los colaboradores que aportan valor, belleza y solidez al contenido que empieza en bruto y termina en libro, como impresores, traductores, correctores, diseñadores, maquetadores y demás "pequeños detalles" del engranaje editorial, que tan fácilmente se obvian cuando se habla de que "el conocimiento es libre", pero que también comen lentejas como todos. Es cierto que las editoriales no suelen (siempre con honrosas excepciones) pagar bien esas tareas. Pero menos da una piedra, y con la que está cayendo, que es lo más parecido a una lluvia de criptonita, no quiero ni pensar cómo terminarán editándose los libros que vayan "directo a digital". Quién sabe, igual creamos un género como esas entrañables películas de serie Z dónde podemos reencontrarnos con Bruce Campbell y agradecerle a Sam Raimi que nos lo descubriera.

Y luego está la otra cara de la moneda: no puedo negarlo, soy la autora de "La dama y el león" y "La tierra de Dios", y quiero llegar a tantos lectores como sea posible, pero ganándome la vida, lejana aspiración desde los tiempos de Shakespeare, Dickens, Balzac, Scott y cualquier plumilla a destajo habido y por haber. Hay una sencilla división del margen editorial que establece que del 100% del precio de venta al público de un libro, autor y editor sólo perciben un 10% cada uno, un par de puntos más a lo sumo, o entre el 15 y el 20% si las ventas lo permiten (hablamos en ese caso de cifras del infinito, y más allá). Tal y como se están desarrollando las estrategias de negocio de todos los agentes del mercado, es decir, como la impagable escena del camarote de los hermanos Marx, nadie sabe cómo quedará ese reparto de márgenes editoriales, del cual también viven distribuidores y libreros, a quienes muchos entierran prematura y en mi opinión erróneamente. Lo que se echa de ver es que con un precio de 5 EUR, ni autor ni editor tiene cómo ganarse (legítimamente) la vida. Y algo me dice que antes recibirán (metafóricamente) los autores que los demás, y no precisamente regalías.

Pero bueno, ante todo mucha calma, y que el 2010 nos encuentre sin perder la sonrisa, que para eso siempre hay voluntarios. Para lo otro, ahí va un impagable cameo de Clive Owen en la serie Extras.

29.12.09

De mentiras, fraudes y credulidades



Me ha parecido una inteligente inocentada la que ha llevado a cabo la página Fogonazos: este pasado 28 de diciembre, "reveló" anticipadamente un supuesto reportaje de investigación de National Geographic dónde un arqueólogo descubría la superchería de Stonehenge. Como podréis comprobar, en la entrada original todo está cuidadosamente preparado para dar verosimilitud a la tesis del "Stonehenge hoax", como la propia revista se ha visto obligada a llamarlo para, por supuesto, desmentirlo. Son especialmente divertidas las fotografías trucadas, y los planos de colocación de las piedras. En la red, la inocentada corrió demasiado deprisa: algunas páginas circularon la información automáticamente y sin comprobar su origen, ni su veracidad. Garrafal credulidad ya que el autor del propio montaje recuerda en su sabia conclusión, y cito: no debes fiarte de todo, por muy bien contado que parezca. O sea, la duda como herramienta de prudencia. Este tipo de acciones, con sentido del humor (ay, cuánto más preciado que el oro) incorporado, me arrancan una doble sonrisa.

PS: En la misma línea que la Stonehenge hoax, aunque en el ámbito de las ciencias sociales, es muy recomendable la lectura de los dos libros del físico Alan Sokal sobre la fabricación de teorías que rozan lo ridículo, dónde detalla la gestación del divertido episodio del artículo para Social Text.

25.12.09

The Beauty and the Beast




So fragile and yet powerful, her tenderness facing the whip & wit of Joyce, the soft flesh and the vibrant colours taking in the old, stern book, right to the very end. If this picture does not melt your heart, let me remind you: Merry Christmas!