7.1.10

Lo que el tiempo se llevó




Me quedo helada al leer la noticia de que un editor cristiano sito en los Países Bajos ha modificado el título de la novela de Joseph Conrad "El negro del Narciso" porque estima que la palabra nigger (más frecuente en la época de Conrad que en nuestros tiempos hipercorrectos, aunque al espectador habitual de The Wire no se le mueva una ceja al oírla) le quita lectores, y lo ha renombrado en el inglés original como The N-word of the Narcissus. Afirma, siempre según el artículo (y después de la inteligente inocentada/fogonazo de Stonehenge voy con mucho cuidado y cito las fuentes porsiaca), que "el pasado debe ser traducido al presente".

Bueno. Como traductora, no puedo estar más de acuerdo. Incluso me río con las adaptaciones zombis de Jane Austen -y esperad a que lleguen las monstruosidades marinas de Sentido y sensibilidad- pero una cosa es traducir y otra es tergiversar. Ambas palabras empiezan con la letra t y ahí acaba su parecido. Aunque los editores, históricamente, se han caracterizado por un libérrimo uso de su poder de decisión, debería haber límites saludables, como los títulos ya acuñados por el paso del tiempo. O que baje Joseph Conrad y lo vea.

¿Existió El Dorado?




Me emociono, como siempre que se publican este tipo de noticias sobre paraísos enterrados, tesoros perdidos o Atlántidas reubicadas, que tantas películas y novelas han alimentado, -incluida la última entrega de Indiana Jones- cuando leo que algunas exploraciones en el Amazonas podrían sustentar la idea de una gran civilización perdida, con ciudades de "brillantes y blancos caminos" e incalculables conocimientos, los necesarios para erigir edificios comparables a las pirámides egipcias. Gracias a las imágenes por satélite, los científicos que estudian los restos arqueológicos afirman que la población que habitaba esos asentamientos podría ascender a más de sesenta mil personas. Siempre según esas investigaciones, la antigüedad de esa cultura pre-colombina monumental podría estar entre el 200 A.C. y el año 1283. Sea como fuere, son cifras poblacionales impresionantes, y no precisamente comparables si pensamos en una ciudad de tamaño medio en el Occidente medieval. El artículo completo (en inglés) puede descargarse aquí.

3.1.10

De la equidistancia como una de las bellas artes


Pienso en Thomas De Quincey, ese gran fumador de opio, y por eso parafraseo su otro título más conocido, cuando leo la pequeña gran tormenta que se ha levantado estos últimos días de 2009 y primeros del flamante año 2010 acerca del libro digital, a resultas de algunos reportajes en los medios y subsiguientes comentarios en la red. Digo pequeña gran tormenta porque, afrontémoslo con toda la humildad y el buen humor que nos den los Dioses (eso sí, los del remake de "Furia de titanes", porque aunque no salga Harry Hamlin, espero esta nueva versión con fruición, por el duelo entre Liam Neeson/Zeus y Ralph Fiennes/Hades), digo que afrontemos ya que la batalla final del libro digital se librará en Anglosajonia, y no en España. Pretender adelantarnos es no conocer la diferencia entre la CIA y la TIA: esto es, que allí no se andan con chiquitas y aquí todos juegan a canicas. Por eso Markus Dohle, el presidente (glups) de Random House USA se quedó tan ancho el pasado 11 de diciembre comunicándole por carta a los agentes literarios norteamericanos que se considera propietario de los derechos digitales del fondo editorial de los sellos de su grupo. Y por nuestros lares, bueno, pues hacemos lo que podemos, y esperamos (todos, los de aquí y los de allí) a la conferencia de Apple el 26 de enero, a ver si Steve Jobs lo revoluciona (y soluciona) todo ya de una vez.

Digo equidistancia, y por eso me sale tan larga esta entrada, porque vivo dos realidades: la del que sabe lo que cuesta editar un libro y pagar a todos los colaboradores que aportan valor, belleza y solidez al contenido que empieza en bruto y termina en libro, como impresores, traductores, correctores, diseñadores, maquetadores y demás "pequeños detalles" del engranaje editorial, que tan fácilmente se obvian cuando se habla de que "el conocimiento es libre", pero que también comen lentejas como todos. Es cierto que las editoriales no suelen (siempre con honrosas excepciones) pagar bien esas tareas. Pero menos da una piedra, y con la que está cayendo, que es lo más parecido a una lluvia de criptonita, no quiero ni pensar cómo terminarán editándose los libros que vayan "directo a digital". Quién sabe, igual creamos un género como esas entrañables películas de serie Z dónde podemos reencontrarnos con Bruce Campbell y agradecerle a Sam Raimi que nos lo descubriera.

Y luego está la otra cara de la moneda: no puedo negarlo, soy la autora de "La dama y el león" y "La tierra de Dios", y quiero llegar a tantos lectores como sea posible, pero ganándome la vida, lejana aspiración desde los tiempos de Shakespeare, Dickens, Balzac, Scott y cualquier plumilla a destajo habido y por haber. Hay una sencilla división del margen editorial que establece que del 100% del precio de venta al público de un libro, autor y editor sólo perciben un 10% cada uno, un par de puntos más a lo sumo, o entre el 15 y el 20% si las ventas lo permiten (hablamos en ese caso de cifras del infinito, y más allá). Tal y como se están desarrollando las estrategias de negocio de todos los agentes del mercado, es decir, como la impagable escena del camarote de los hermanos Marx, nadie sabe cómo quedará ese reparto de márgenes editoriales, del cual también viven distribuidores y libreros, a quienes muchos entierran prematura y en mi opinión erróneamente. Lo que se echa de ver es que con un precio de 5 EUR, ni autor ni editor tiene cómo ganarse (legítimamente) la vida. Y algo me dice que antes recibirán (metafóricamente) los autores que los demás, y no precisamente regalías.

Pero bueno, ante todo mucha calma, y que el 2010 nos encuentre sin perder la sonrisa, que para eso siempre hay voluntarios. Para lo otro, ahí va un impagable cameo de Clive Owen en la serie Extras.

29.12.09

De mentiras, fraudes y credulidades



Me ha parecido una inteligente inocentada la que ha llevado a cabo la página Fogonazos: este pasado 28 de diciembre, "reveló" anticipadamente un supuesto reportaje de investigación de National Geographic dónde un arqueólogo descubría la superchería de Stonehenge. Como podréis comprobar, en la entrada original todo está cuidadosamente preparado para dar verosimilitud a la tesis del "Stonehenge hoax", como la propia revista se ha visto obligada a llamarlo para, por supuesto, desmentirlo. Son especialmente divertidas las fotografías trucadas, y los planos de colocación de las piedras. En la red, la inocentada corrió demasiado deprisa: algunas páginas circularon la información automáticamente y sin comprobar su origen, ni su veracidad. Garrafal credulidad ya que el autor del propio montaje recuerda en su sabia conclusión, y cito: no debes fiarte de todo, por muy bien contado que parezca. O sea, la duda como herramienta de prudencia. Este tipo de acciones, con sentido del humor (ay, cuánto más preciado que el oro) incorporado, me arrancan una doble sonrisa.

PS: En la misma línea que la Stonehenge hoax, aunque en el ámbito de las ciencias sociales, es muy recomendable la lectura de los dos libros del físico Alan Sokal sobre la fabricación de teorías que rozan lo ridículo, dónde detalla la gestación del divertido episodio del artículo para Social Text.

25.12.09

The Beauty and the Beast




So fragile and yet powerful, her tenderness facing the whip & wit of Joyce, the soft flesh and the vibrant colours taking in the old, stern book, right to the very end. If this picture does not melt your heart, let me remind you: Merry Christmas!

21.12.09

De espíritus tozudos




Empieza este lunes el invierno y como si quisiera burlarse de los tórridos meses propinados hasta el último momento, el invierno que este lunes empieza es frío y siberiano. Siempre he dudado de los fríos adjetivados, porque sobran las florituras cuando el hielo es hielo y la nieve sólo se derrite porque Guardiola llora. Pienso en la historia de Cataluña mientras releo discursos inesperados y busco la palabra "tozudo" en la RAE. Caen como pedradas los sinónimos: pertinaz, obstinado, irreductible, testarudo, temoso, porfiado. ¿Por qué será que me recuerdan al fuego? Se me olvida que empieza el invierno porque este lunes, como cada principio, es hora de ganarle la partida al frío. Vamos, como si estuviéramos en Abu Dhabi. ¡Feliz semana de Navidad!


13.12.09

La tierra de Dios, ¡finalista!




Como ya es sabido, los premios literarios despiertan pasiones allá dónde van, se anuncian y se publican. Mi particular teoría es que si los científicos del CERN supieran del fenómeno, abandonarían sus experimentos con el colisionador de partículas en favor de la energía radiante que se desprende de los certámenes que premian las letras.

Para un escritor, ganar un premio es siempre un reconocimiento, una placentera noticia y una alegría. Luciano G. Egido con su obra Los túneles del paraíso acaba de ganar el II Premio de Novela Histórica convocado por la Fundación Villalar para obras ya publicadas y escritas en castellano. Desde aquí mi felicitación tanto para el autor como para Tusquets, su editorial.

Hay veces, no obstante, en las que ganar es un premio, pero quedar segundo también. Y eso es lo que me ha sucedido con La tierra de Dios, que fue seleccionada entre las novelas presentadas, y quedó entre las cinco finalistas de dicho premio, en compañía de autores como Almudena de Arteaga o Luis García Jambrina. Me siento muy, muy honrada.

La tierra de Dios es mi segunda novela y como os podréis imaginar, esta noticia me llena de ilusión. Aprovecho pues, desde aquí, para dar las gracias al jurado y lectores del premio de la Fundación Villalar por su gentil mención. ¡Y por supuesto, feliz lunes a todos!

PS: La imagen que encabeza esta entrada es del remake de Robin Hood dirigido por Ridley Scott que se estrenará en primavera de 2010.

9.12.09

Esto no es un vampiro



Aunque esta entrada hable de sangre nueva, no voy a mencionar a Robert Pattinson. Copados los cines con amores decimonónicos que le hubieran parecido trasnochados a Jane Austen, resignémonos porque cada generación es libre de escoger a sus iconos y a sus ídolos. No, en esta entrada me refiero a la sangre nueva que se está inyectando en el panorama editorial (ya desde hace años), y en concreto referencio las primeras menciones en prensa escrita y digital sobre la nueva editorial Nevsky Prospects, centrada en la publicación de autores rusos y cuyos primeros títulos prefiguran un largo festín para los amantes de la literatura rusa. Bienvenidos y mucha suerte.


5.12.09

El editor al desnudo



Disfruto de un interesante y bien documentado artículo en el ABC digital describiendo la relativa caída de ventas de libros que se ha producido durante el año 2009, y que las editoriales han soslayado gracias a las grandes cifras de unos pocos títulos (Larsson y Brown en el caso de Planeta, o Murakami y Mankell en el de Tusquets). También se habla de la menor venta media de títulos que en otras circunstancias se hubieran convertido en modestos éxitos o de fondo asegurado en la librería. Sin dejar de ser preocupante, la combinación de títulos exitosos y fondo de venta "sorda" que se detalla en la noticia ha sido característica del sector, tal y como explica André Schiffrin en el siempre recomendable y cada vez más escalofriantemente certero libro La edición sin editores.

El elemento diferenciador es (también como siempre) la magnitud -algunos lectores del buen cuentista Quim Monzó podrían añadir de la tragedia, pero el melodrama sólo funciona con Garbo, Greta, hermosa sueca A.L. (antes de Larsson)-. Se venden más ejemplares de los pocos títulos y menos de los muchos. ¿Debería preocuparnos eso si la media de venta se mantuviera, por ejemplo, en ese próximo 2010, una vez superado el pánico de los primeros meses del 2009? A los editores que buscan construir un catálogo a largo plazo, no: la eterna espada de Damocles ha sido y es encontrar el libro rentable de la temporada, sabedores que en la búsqueda se publicarán otros de más discreta venta (muchos o pocos, de ese sabio equilibrio depende la viabilidad económica del editor). Será más duro el contexto y más recios los que sobrevivan, nada más y nada menos. Vamos, la hora de la verdad, en dónde las vacuidades (de cualquier tipo: editoriales y económicas) se pagarán caras. En ese sentido, y añadiendo el factor X del e-book -desconociéndose aún el modelo de negocio que surgirá de la pócima, hija de aprendices de brujo en la que todos hemos echado nuestros ingredientes- se abre un año 2010 apasionante para el sector editorial. Como diría otra gran diva del cine clásico: "Fasten your seatbelts, it's going to be a bumpy ride!". ¿Y cómo decirle que no a Margo Channing? Yo ya tengo reservado el asiento en primera fila :)


PS: Para los que preguntan dónde está el "editor desnudo", aclaro que no soy yo, ni me consta de tales imágenes de otros colegas de profesión. Es una referencia al título en castellano (Eva al desnudo) de "All about Eve", dónde aparecen además de Margo Channing (Bette Davis), una tiernísima Marilyn, "licenciada de la escuela de arte de Copacabana" y el mortífero Addison DeWitt (George Sanders).

24.11.09

Historia de las historias


Puesto que cruzado el meridiano de los cuarenta la vida nos exige un catálogo completo de manías, rarezas y adulteces, en tanto que alumna aventajada que soy, tengo ya una costumbre negociada conmigo misma y las letras -y por lo demás nada original- que consiste en alternar la lectura de una novela con la de un ensayo. Y para aderezar el Quijote y su bálsamo de Fierabrás, he optado por Historia de las historias, de John Burrow, profesor en la Universidad de Sussex y en Oxford, fallecido el pasado 3 de noviembre.

Si en los maestros franceses de la Escuela de los Anales y en la historia de las mentalidades propugnada por Georges Duby y Jacques Le Goff una puede estar segura de transitar como una amante por sus páginas, siempre deslumbrada por el estallido de pasión verbal e historiográfica propia y esperable de la gala nación, en las filas de los historiadores anglosajones a los que perteneció John Burrow se respira la sólida protección y garantía de excelencia de los intelectuales del imperio, y es la mejor compañía para estos extraños inviernos.

Exentas de todo paternalismo, rebosantes de la erudición acumulada tras generaciones de colleges y dons, aunque sin un ápice de academicismo (Burrow apenas escribió para revistas profesionales), las páginas de Historia de las historias -su obra más divulgativa en el mejor sentido de la palabra- transmiten sabiduría y amor por la historia, y cobran vida nombres como Tucídides, Tivo Livio, Plutarco, Froissart o Villehardouin, Maquiavelo, Hume, Adams... No hay mejor preámbulo a la lectura de los clásicos que un sabio -llámese John Burrow, Italo Calvino o Giorgio Colli- se ofrezca a acompañarnos gentilmente durante un trecho del camino.

17.11.09

Don Alonso Quijano


Enfrascada en la dulce relectura del Quijote, y cuya primera línea conquista como si fuera ayer la primera vez que se escribió y se leyó, doy mis gracias a los dioses compasivos, las energías holísticas o los tótems paganos of choice por la literatura, la sabiduría, la imaginación y los amigos.

23.10.09

Editore, traditore



El título de este mensaje parafrasea el conocido "traduttore, traditore" que tanto ha servido para acusar a los traductores de traicionar los textos que les son encomendados. Me ha parecido muy adecuado para comentar una loable iniciativa que reflexionará sobre el papel de la edición y la función social del editor en la configuración de la cultura occidental, y que organiza el Gremio de Editores en su Fòrum Atlántida. Las siguientes parejas de letra me resultan poderosamente atrayentes: especialmente Roger Chartier en diálogo con Francisco Rico, o Antoine Compagnon frente a Jaume Vallcorba, por no hablar de dos maestros como Claudio Magris y Pere Gimferrer (este último afortunadamente ya recuperado del susto del pasado Premio Planeta), Jorge Edwards y el editor Daniel Fernández, con Roberto Calasso en el coloquio final. Será interesante ver qué tienen que decir los sabios de la historia de la literatura y de los libros y escritores convocados sobre la figura del editor, en un tiempo anónimo (quizá pour bonne cause).

21.10.09

Una Edad Media en imágenes: historia de una edición



La primera vez que vi este libro, era de formato grande, ilustrado, y la editorial francesa que lo publicaba había fijado un precio imposible. Era imposible porque, debido a las carísimas ilustraciones en color, coeditar o adquirir derechos para una edición española comportaba un precio prohibitivo para el lector en lengua castellana. En aquél entonces, tampoco tenía yo margen de maniobra para lanzarme a la piscina y editarlo contra viento y mercado. Esperé un año, dos, tres... Los editores franceses y yo nos veíamos en cada feria y nos lamentábamos de que esta joya no estuviera disponible para el público castellano. Por fin, la gran noticia: iban a lanzar una edición en tamaño reducido, manejable, más asequible y que conservaba todo el encanto de la selección de imágenes de un medievalista como Jacques Le Goff. No perdimos el tiempo y aprovechamos la oportunidad. Hoy, es un regalo para mí haber contribuido a editar este hermoso volumen. Espero que se convierta, a su vez, en un regalo para muchos lectores. ¡Feliz lectura!

19.10.09

Presentación en Casa del Libro



Porque siempre hay que estar, en lo bueno y en lo malo, pero apetece mucho más acompañar a la gente que queremos en los momentos buenos, ¿verdad? Pues éste lo será. Mañana, 20 de octubre, presentación de "El primer templo", de Eloy Roca, publicado por Editorial Viceversa, en la Casa del Libro de Barcelona, en Paseo de Gracia 62. Allí estaré, si alguien tiene un rato y quiere pasarse y saludar. ¡Hasta pronto!

17.10.09

La feria interminable



Con la maleta aún humeante -literal y figuradamente- de catálogos, libros y ropa, vuelvo a ser una mujer a un teclado pegada después del breve hiato que cada año representa la feria de Frankfurt para todo aquél que vive de, con o por el sector editorial. Y como cada año, también traigo en la maleta tantas dudas como certezas, respecto al libro electrónico, a la pervivencia de la buena (y no tan buena) literatura y a las formas del ensayo. Los editores extranjeros con quién he charlado, en frenéticas citas o más distendidamente después de la feria, se dividen a partes iguales entre quiénes le quitan importancia a la próxima llegada de artilugios varios y los que ven oportunidades de negocio interesantes pero no cataclísmicas. Ninguno, sin embargo, dictamina el fin del libro como a veces leemos en apocalípticos artículos sobre la llegada del Kindle. La ventaja de la futurología (o su desventaja, según cómo se mire) es que el futuro siempre llega, para poner a cada cual en su lugar.

La hornada de nuevas editoriales, tanto aquí como en el extranjero, que son la infusión de sangre nueva y energía que todo sector maduro necesita, es sana, necesaria y bienvenida. El fenómeno se multiplica y es positivo: aún queda quien cree que editar libros meritorios es además una forma de ganarse la vida dignamente. También constato, con no poco alivio, que algunos grandes editores de siempre están en buenísima forma, aunque también es cierto que los catálogos de otros que fueron grandes editores de siempre se han convertido en un extraño desfiles de productos contrahechos, fabricados y pergeñados para vehicular letras. Son libros porque así definimos a los contenidos escritos y encuadernados, pero por nada más.

Y en cuanto a lo bueno y a lo malo de la feria: que los editores (aún) no somos máquinas ni replicantes, y que este mundo frágil hecho de letras y de codicia sigue en manos (¡por Tutatis!) de personas a quién mirar a los ojos, con quién desternillarse de risa, pelearse con saña, llorar a moco tendido y -en Frankfurt, sobre todo- brindar por lo que fue y por lo que será.

26.9.09

Mil quinientos


No, no es una entrada sobre Juan de la Cosa, el cartógrafo que acompañó a Cristóbal Colón en sus viajes y que más o menos como todos los castellanos que se preciaban de la época, dió una breve temporada con sus huesos en la cárcel. Tampoco sobre el mapa del año 1500 dónde se detallan las tierras y lugares conocidas y exploradas en esos viajes con Colón, Vespuccio, Pinzón, Caboto o Núñez de Balboa.

Estas líneas son para celebrar que desde marzo de 2009, y si Google no me miente, este blog ha tenido 1500 visitantes únicos. Ignoro si esa cifra es alta o baja para un página de estas características, en ese plazo de tiempo. Pero así lo veo yo: puesto que este blog es una especie de recibidor virtual dónde conocer y dar la bienvenida a nuevos amigos y lectores, creo que tener mil quinientas llamadas a la puerta es todo un éxito. De modo que gracias a los mil quinientos y brindo por eso, y por seguir siendo muchos más.

25.9.09

La tierra de Dios en Hislibris


Los visitantes más o menos habituales de este blog (pronto habrá un mensaje sobre ellos, porque estoy a punto de alcanzar una cifra digna de mención en mi total de visitas desde marzo de este año 2009, o eso me dice Google Analytics) saben que las menciones en prensa que he podido reunir acerca de mis dos novelas, La tierra de Dios y La dama y el león, están ordenadas en la columna de la derecha. A veces las he conseguido gracias a las indicaciones del eficiente equipo de prensa de Planeta, otras "pescando" yo misma por la red. Pero lo que quiero decir es que rara vez suelo colgar un mensaje sobre esas reseñas: creo que los "flashes informativos" de ese tipo pertenecen más a Facebook o Twitter, y reservo el espacio del blog para comentar los temas medievales que me resultan interesantes, o aspectos concretos de mi trabajo como escritora.

Sin embargo, tengo que hacer una excepción con la reseña que los colaboradores de Hislibris, y en particular con quién firma éste texto. Por el cariño que desprende el comentario, por el esfuerzo invertido en darle forma, y porque ha sido un hermoso regalo en las fiestas de la Mercè que se celebran estos días en Barcelona. Muchas gracias :)

24.9.09

El tesoro de Staffordshire



De vez en cuando la Edad Media salta a las noticias, bien porque algún director de cine se ha propuesto resucitar el género que tan fijado en nuestra memoria quedó con títulos kitsch (que a veces es una palabra muy moderna para decir entrañable) como Robin Hood o Las aventuras de Quentin Durward, bien porque se ha producido un nuevo descubrimiento arqueológico: manuscritos, huesos, fragmentos de cerámica, restos de una muralla... Todo contribuye a aumentar nuestro conocimiento del pasado. Pero, ¡ah! cuando el hallazgo es un tesoro, como el de Staffordshire. Entonces brillan los ojos de los arqueólogos y de los estudiosos con más fuerza, como sucedete mientras muestran las piezas de oro del siglo VII que Terry Herbert encontró el pasado mes de julio mientras buscaba restos arqueológicos con un detector de metales. Y desde el otro lado, nosotros nos permitimos soñar un poco más. Mil quinientas piezas y fragmentos de oro y otros metales conforman el botín que alguna vez un soldado celta dejó enterrado, quizá confiando en volver a por él en poco tiempo. No fue así, y el siglo XXI, nuestra era de fibra óptica y de comunicaciones instantáneas que ese guerrero anónimo jamás pudo imaginar, se queda boquiabierto ante el desfile de objetos preciosos.

(El tesoro pasará a ser propiedad de la Reina de Inglaterra para garantizar que las piezas no abandonen el Reino Unido. Pingüe negocio, el de la Corona, hoy y siempre).

9.9.09

Rojo medieval


El historiador y medievalista Michel Pastoureau, por cuyas obras sentí hace tiempo un inexplicable y feliz flechazo, aborda en sus libros el significado de los colores, la simbología de los objetos y el origen de la heráldica. Uno de sus mayores méritos, a mi juicio, consiste en devolver la naturalidad a la historia medieval y en saber contar la pequeña historia de los grandes símbolos. En esta entrevista, que también está incluida en su Diccionario de los colores, habla del rojo medieval: de cómo la granza, el material que se utilizaba para teñir la lana, era el más resistente de los colorantes vegetales de la Edad Media, más que las bases hechas a partir de la gualda, la ortiga o el nogal.
Así, a partir de esta cotidiana realidad, Pastoureau nos cuenta que los trajes de fiesta de las campesinas solían ser de tonos rojizos por ese motivo. Dado que al casarse, las novias optaban por vestir sus mejores ropas, las novias medievales de origen humilde vestían bermejo, y los días de fiesta y celebración, de placer y de alegría, se asociaban también a ese color. La estampa de una boda abigarrada, dónde mana la bebida y hay comida abundante, terminó por asociar el rojo -con toda su carga mítica: el color del fuego y del sexo- con el desenfreno, con lo pecaminoso y lo que no era habitual ni permitido, y el rojo quedó excluido de los desposorios. También por esa razón, las mujeres de pelo rojo eran mal vistas o incluso tachadas de brujas. De la historia de los colores a la de las mentalidades: ése es el camino que Pastoureau tan hábilmente sabe recorrer.

2.9.09

Camelot



Camaalot, Camylot, Camulodunum... Bien sea en la breve mención que hizo Chrétien de Troyes en El caballero de la carreta de la corte del rey Arturo, o en la posterior labor hagiográfica que Geoffrey de Montmouth hizo a mayor gloria de los regum britanniae, enlazando la estirpe del rey Arturo con los monarcas ingleses de su tiempo, o en la versión de Thomas Malory de Le Morte d'Arthur, la brillante corte medieval del rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda sigue siendo un referente para describir un espacio mítico, de justicia y de paz. Se desconoce su localización exacta, como si la condición necesaria de los paraísos fuera la ignorancia de latitud y longitud, esas meticulosas cifras que definen una coordenada geográfica y como una mariposa, la clavan en el tablero. Quizá también por ser un paraíso, como en todas las leyendas sucede, Camelot fue pasto de los celos, la guerra y la venganza.


Me gusta que Camelot siga flotando en la indefinición en nuestro tiempo de GPS y demás siglas de tiempo y lugar, porque mi primer contacto con ese país de sueño fue también irreal, cinematográfico: recuerdo a Richard Harris, susurrando más que cantando "I Wonder What The King is Doing Tonight" en un decorado de cartón-piedra. Veremos cómo evoluciona el proyecto de Bryan Singer de realizar un remake del apasionante film Excalibur de John Boorman, alrededor de la figura del rey Arturo. Mientras tanto, seguiré canturreando "In short, there's simply not / a more congenial spot / for happily-ever-aftering than here in Camelot".